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21/07/2017: Mi padre y yo: Eitel Lauría, por Eitel Lauría (Parte 2 de 2)

Mi padre y yo: Eitel Lauría, por Eitel Lauría (parte 2)

[Continúa de Mi padre y yo: Eitel Lauría, por Eitel Lauría (parte 1)]
Un mes más tarde el Ingeniero me devolvió el favor. Ese año yo recibí el Premio Sadosky en la categoría de investigación por un trabajo conjunto con Giri Tayi, un colega mío de SUNY Albany. Como no pude asistir a la ceremonia, le pedí a mi padre que fuera a recibir el premio en mi nombre. Los directivos de CESSI Argentina habían invitado a la entonces presidente electa de los argentinos, a participar de la entrega de premios. Así que mi padre, que nunca fue ni remotamente peronista, y no tenía particular simpatía por la señora -esto no es un comentario político, es un dato de la realidad- recibió el premio de manos de Cristina Fernández de Kirchner. Mis hermanos decían jocosamente que yo me estaba cobrando el frio, el apunamiento y la borrachera de Cusco, y había mandado al Ingeniero al sacrificio.

 
Un año más tarde el Ingeniero me devolvió el favor. En 2007 yo había ganado el Premio Sadosky en la categoría de investigación, por un trabajo conjunto con Giri Tayi, y le pedí a mi padre que fuera a recibir el premio en mi nombre

Mi padre en USUARIA 2008
Al año siguiente tendría lugar la última participación de mi padre en un evento informático . USUARIA, a través de su Presidente, Alberto Chehebar, lo nombró Presidente del Congreso Usuaria 2008. Mi padre inauguró las sesiones, brindando una especie de retrospectiva de informática en Argentina, con la visión de uno de sus pioneros.

Fuera del ámbito de docencia e investigación, mi padre tuvo actuación en la función pública, cumpliendo funciones directivas en el Ministerio de Obras Públicas, en ENTEL, en el Ministerio de Planeamiento, y en el Servicio Universitario de Computación de la UBA. Su paso por la misma tuvo el merecido reconocimiento de aquellos que trabajaron junto a él, tanto por su capacidad e iniciativa como por su manifiesta honestidad.
En la década del ’50 mi padre centró su actividad profesional como ingeniero civil, dedicado al proyecto, cálculo y dirección de estructuras de edificios de vivienda e instalaciones industriales y comerciales. Posteriormente, acompañando su labor académica, su interés profesional se desplazó hacia la ingeniería mecánica. 
En el año 1982, de la mano de José Isaacson, renombrado escritor argentino, ingeniero y colega suyo en la cátedra de Mecanismos de la FIUBA [7], se inició en el periodismo científico, y la divulgación científica y técnica, con más de doscientos artículos publicados a lo largo de 25 años en el diario La Nación.
Sus artículos fueron una fuente de constante intercambio. Discutíamos los temas sobre los que podía escribir, analizábamos potenciales fuentes de información. Escribía sobre múltiples temas, cubriendo con preferencia el área de informática, algunos aspectos de la ciencia moderna, la modernización industrial y la educación. Mi padre pedía opinión, y sabía escuchar.

Mi padre fue miembro del Centro Argentino de Ingenieros desde 1959. En 1974 fue incorporado como miembro titular de la Academia Nacional de Ingeniería, y en 1983 recibió el premio Konex de Ciencia y Tecnología en la categoría Ingeniería Electrónica y de Comunicaciones y Computación.
En 1987 fue elegido presidente fundador del Instituto Argentino del Engranaje [8].

Podría seguir: la lista de logros y reconocimientos es extensa. Pero prefiero dar paso a la consideración de la dimensión humana de mi padre, citando sus palabras en dos contextos diferentes. En Agosto de 1942, mi padre recibía la medalla “Ministerio de Justicia e Instrucción Pública” como mejor alumno del Colegio Nacional de Adrogué. Su promedio de 9.84 constituía el más alto obtenido por los egresados del año 1941 en todos los colegios secundarios de la República Argentina. Esto era especialmente meritorio, considerando que la muerte prematura de su padre, mi abuelo, cuando mi padre tenía ocho años, cercenó a su familia y creó una situación de estrechez económica que duró toda su niñez, su adolescencia, y los primeros años de su mayoría de edad.


En su discurso de aceptación del premio, decía mi padre, con sus jóvenes diecisiete años:
“Una medalla no puede ni debe significar a esta altura de mi vida una consagración, sino que implica una grave responsabilidad, la responsabilidad de que mi conducta en el futuro, como argentino y como estudiante universitario sea una constante verificación de que he sabido merecerla.“
Cincuenta y dos años más tarde, en 1994, la publicación periódica del Centro Argentino de Ingenieros (“Políticas de La Ingeniería”), decidió hacer una semblanza de mi padre y le solicitó para ello que redactara una corta autobiografía. Escribía mi padre en ese entonces:
“En el año 1956, mi casamiento con Nelly Raquel Sturla significó un vuelco decisivo en mi vida. Tuvimos cuatro hijos, Eitel, Marcela, Carlos y Mariano, hoy graduados en ingeniería electromecánica, letras, periodismo, e ingeniería agronómica, respectivamente.
Además, una inefable nieta, Florencia [9], nos ha convertido en abuelos.
Después de 38 años de matrimonio mi esposa, con su inextinguible amor y su pasión por la música y el canto, sigue volcando torrentes de poesía en este parco ingeniero atiborrado de números, fórmulas, engranajes, y programas de computación.”
Estos dos párrafos, en dos etapas muy diferentes de su vida, sintetizan quien fue mi padre: un hombre tan brillante como humilde, tan íntegro como bueno. Fue ante todo el compañero de toda una vida de mi mamá, el padre de sus cuatro hijos, el abuelo de sus nueve nietos.


Hace un par de años recibí una distinción académica [10], y tuve que pronunciar unas palabras alusivas al evento. Me pareció en ese entonces que el momento era apropiado para referirme a mi padre y su influencia positiva en mi vida. Voy a concluir esta reseña con un fragmento de dichas palabras. El texto está en inglés, pero no lo voy a traducir, pues presumo que no hay barrera idiomática para los avezados lectores de manuales de computación que pululan en este blog. Dice así:
Finally, there is someone I would like to highlight, whose human qualities and bright mind provided me with a role model to embrace over the years. He lives in Buenos Aires, he is ninety years old and he is a Professor Emeritus of Engineering. His name is Eitel Lauría, and he is my father.
You know, my father and I carry the same name, which makes me version 2.0. The ongoing joke in my family has been whether I am an upgrade or a downgrade...:)
When I started writing this address I was not sure what I should say. Considering my background, I could talk about preparing our students for the data-driven society and culture in which we live.  Or I could tell a few data science stories.
But considering the challenges faced in current times by higher education, I decided to settle for some advice that my father gave me when I was growing up.
So here it goes:
“Learn history”, my dad would tell me. An admirer of San Martín and Lincoln, obsessed with World War II, a big fan of Churchill and FDR, he would say “study history, be acquainted with the historical process. Through history you will learn about politics, geography, economics, religion, art, philosophy, sociology. The lack of historical knowledge has made humanity repeat the same mistakes over and over again, over time and across civilizations.”
“Learn to communicate in more than one language.  Knowing other languages is a mind opener; it is a window to the world and its many cultures. If you know other languages you will not be afraid of the world, you will be part of it”.
“Speaking of languages, study mathematics. Math is the language of science. It will help you understand the laws governing the physical world. But it will also provide you with a rational framework, and will help you develop a taste for skeptical scrutiny, which, quoting Carl Sagan, is the means by which deep thoughts can be winnowed from deep nonsense”.
My father had a special chapter for computer science. He would tell me: “consider studying a programming language. By knowing how to program a computer, you will get access to an incredible problem-solving tool. You will also join a community of very weird but very interesting people”.
Ofcourse, my father’s list is not exhaustive and does not apply to everyone. But there is one additional piece of advice though, that I think is universal, and that my dad delivered by example. It goes like this: as a teacher, one should be rigorous and strict, but at the same time open minded, fair, and gentle.
I know this first hand: after all, I was my father’s student, and I am his son.
At a time when both my dad’s memory and intellect are faltering, sharing his thoughts with you is a way of honoring my father.

Eitel H.Lauría fue mi Viejo, con mayúscula.  Mi querido e inolvidable Ingeniero.

Eitel J.M. Lauría
Delmar, NY


[7] Espero que lo que sigue no suene irrespetuoso, pero quien haya cursado la carrera de Ingeniería en la UBA entre las décadas del  ‘60  y del ’80  quizás recuerde que una de la condiciones primordiales para ser docente de la cátedra de Mecanismos era ser calvo. Lauría, Falco, Biscardi, Isaacson, y varios más cuyos nombres no recuerdo… todos carentes de pelambre en la azotea J.
Puedo agregar a esto una anécdota divertida que me tuvo de testigo presencial: en el subsuelo de Paseo Colón 850 convivían el Depto de Mecánica Aplicada, el Depto de Electrotecnia, y había también una peluquería en un lugar recóndito del piso. Me encontraba yo en el subsuelo una tarde de 1980 (o 1981) e incidentalmente me topé con José Isaacson, JTP de Mecanismos, a quien conocía a través de mi padre. Nos pusimos a conversar, y en el medio de la conversación se nos acerca un muchacho joven, presumiblemente un estudiante. El estudiante, creo hasta el día de hoy que tan inocente como caído del catre, se dirige al Ing. Isaacson (no a mí, que portaba profusa cabellera).
Estudiante: “Disculpe señor,sabrá Ud. dónde queda la peluquería?”
Ing. Isaacson (susceptible): “Mocoso insolente, me estás tomando el pelo, porque no te vas un poquito a la ...”
Estudiante: “Señor, Ud. me ofende”
Telón… (mi padre casi muere de risa cuando le describí el episodio)
[8] En mi casa lo cargábamos: le decíamos que era el presidente de la Asociación Amigos del Engranaje…
[9] Florencia es mi hija mayor.
[10] En 2015 tuve el honor de recibir de mi universidad  (Marist College) el Board of Trustees Distinguished Teaching Award, que es la máxima distinción académica que entrega el college.

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