Luego del excelente reportaje que le realizó Hernán Huergo a Miguel Kurlat, que se puede ver en el blog de Dinas y Dinos, me pide Hernán que escriba unas líneas de mis experiencias con Miguel. Las de trabajo se remontan a Acindar del principio de la década de los años 70 del siglo pasado. (Bien DINOS).
Con Mike nos conocimos a través de un director de Acindar, el ing. Jean Pierre Thibaud, profesional brillante, con una agudeza mental sobresaliente para los análisis de inversión. Como por aquellos años Acindar estaba llevando adelante análisis para construir su planta integrada se necesitaban modelos matemáticos de las instalaciones que permitiesen analizar los costos probables de los productos a obtener de la acería eléctrica y planta de reducción directa y de esa forma entrar esa información en un modelo financiero que permitiese calcular el retorno de la inversión al comparar los datos obtenidos con los precios que la empresa estaba abonando por esos mismos productos.
Allí fuimos con Mike y otro ingeniero, Godofredo Deleonardis a escribir dichos modelos, en aquel entonces en Fortran IV, para dar respuesta a las infinitas ideas de Thibaud que permitiesen responder las inquietudes del directorio de la empresa. Trabajamos codo a codo durante un periodo de 6 a 9 meses hasta que finalmente el proyecto vio la luz con un préstamo importante obtenido desde el IFC.
Por supuesto que no hubo domingos ni feriados durante el trabajo de desarrollar y correr el modelo en una IBM 375 y allí tanto Mike como Godofredo me acompañaron en el esfuerzo de ¨pen pushing¨ para escribir todas las rutinas necesarias para llevar a buen puerto el trabajo que en su versión final fue presentado a la dirección de la empresa.
A partir de ese momento, tal como comento Mike en el blog, la situación del área de sistemas en la empresa se torno inestable y fue reorganizada bajo la gerencia administrativa del Dr. Beunza, que solicitó a la dirección que fuese yo el que encabezara sistemas ya que se estaban llevando adelante dos proyectos muy importantes en la empresa, tanto el de costo standard como el de ventas. Durante esos años mi contacto con Mike fue más esporádico ya que me venía a ver para desarrollar en el ámbito de IT los modelos en los que el aun participaba con el Ing. Thibaud hasta 1977 que por decisiones de la dirección piden que me haga cargo del Área de lo que hoy llamaríamos Logística (antiguamente Materiales y Servicios) y me preguntan quien recomendaría yo para Sistemas.
Para mi por la experiencia adquirida, fuera del área, donde muchas veces las decisiones políticas hacían difícil buscar la mejor respuesta técnica, es que recomendé, dada su gran capacidad y absoluta honestidad intelectual, a Mike para ese puesto. Como en aquel año diferentes ingenieros de la planta permanente de Acindar se estaban entrenando en Estados Unidos, debido al inminente arranque de las instalaciones de las que nosotros habíamos participado, como comenté antes, aprovechamos y fuimos con Mike a conversar sobre las necesidades de data management que ellos veían para las nuevas plantas y además recorrimos distintos puntos de desarrollo de IBM en un viaje de unos 20 días. A partir de ese momento pasó a hacerse cargo del área donde hizo un excelente trabajo hasta el momento que tomó la decisión de ir a Loma Negra, tal cual lo explica en el blog.
A partir de es momento pasamos a vernos esporádicamente, más que nada en reuniones sociales o asistiendo a las veladas que regularmente brinda el Mozarteum. Una pena que dejase Acindar ya que tiene todas las capacidades necesarias para haber continuado desarrollando un área de sistemas que no me cabe duda hubiese continuado siendo líder en el país. Se que también se desempeñó de manera excelente en las distintas empresas que tuvieron la visión de contratarlo.
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Raúl Bauer
La excelente entrevista que Hernán Huergo le hizo a Mike Kurlat, despertó en mi memoria recuerdos de los caminos recorridos con Miguel, especialmente desde la perspectiva de la persona más allá de las experiencias profesionales.
Conocí a Miguel hace más de seis décadas. Una sucesión de coincidencias y casualidades pavimentó el camino de nuestra relación.
Nos conocimos cursando primer año de Ingeniería Industrial en la FIUBA. Compartimos uno de los grupos de curso completo habilitados para los aprobantes del ingreso con buenas calificaciones. Durante un año coincidimos todos los días de la semana, en las mismas aulas, a las mismas horas para cursar las mismas materias. Miguel, un compañero aplicado que se tomaba muy en serio los estudios.
Después de ese año, no recuerdo que volviéramos a tener un contacto continuo hasta tiempo después, ya egresados ambos y ya en funciones gerenciales en Sistemas. Fue cuando coincidimos en la fundación y primeros pasos de Usuaria. Miguel siempre aportaba su visión práctica para unir voluntades y concretar acciones en un contexto donde todos teníamos la vocación de hacer, pero limitados en tiempos y recursos.
Más coincidencias fueron cimentando nuestra relación. En los 80s, cuando mi familia compró una casa en un Country Club de zona norte dio la “casualidad” que elegimos, sin saberlo, la casa lindera con la casa que tenía la familia de Miguel. La probabilidad de que ello ocurriera era 1 en 1000.
Otra “casualidad” se dio cuando algunos años después, en época de privatizaciones, Miguel se hace cargo de la gestión de sistemas en Edesur al mismo tiempo que yo asumía responsabilidad similar en Edenor. En más de una ocasión algunos colegas nos confundían y me llamaban por su nombre. Por supuesto, la coincidencia temporal en estas empresas similares fomentó esta confusión.
Los accionistas en ambas distribuidoras eléctricas eran distintos y las estrategias y tecnologías informáticas recorrieron diferentes direcciones en las dos organizaciones. Pero el contacto entre los dos mantuvo un ida y vuelta muy fluido.
Nuestros caminos se siguieron cruzando, tanto social como profesionalmente. Cuando cayeron las torres gemelas en setiembre 2001, el hijo de Miguel quedó en Nueva York con lo puesto, fuera de su alojamiento muy cercano a la zona del desastre e impedido de entrar a retirar sus cosas. Se dio la “casualidad” que yo viajé en el primer vuelo disponible y pude llevarle vituallas para sobrellevar esa situación.
Después de esas experiencias seguimos compartiendo en grageas varios proyectos en los que Miguel siempre aportaba su habilidad, conocimientos y capacidad. Hoy, esta convergencia en Dinos y Dinas sigue regando esta relación, ya lejos de lo profesional, mucho más cerca de lo humano, amistoso, afectuoso y familiar.
Grande Miguel. Gracias Hernán.


















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