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28/04/2018: Hernán Huergo: Conversando con Ida Bianchi: Parte 1 de 2. La primera mujer de Burroughs

Ida Bianchi
Foto de su legajo en Burroughs
Ida Bianchi (23 de septiembre de 1937, Gallarate, Italia) se mudó unos kilómetros al norte a los cinco años, a Sesto Calende. Pagos de la empresa Savoia Marchetti, muy renombrada por sus famosísimos hidroaviones.

Sesto Calende sorge nel punto esatto in cui il Ticino esce
dal Lago Maggiore per riprendere il suo cammino verso il Po. 
–¿Cómo fue que te viniste a la Argentina, Ida? 
–Al terminar la segunda guerra mundial mis padres quedaron muy sensibilizados, con mucho temor a una tercera guerra. Perón estaba buscando especialistas aeronáuticos. Mi papá trabajaba como matricero y mi mamá como tornera en la Savoia Marchetti , pionera en hidroaviones. 

En tiempos de guerra: el padre Giuseppe, Ida con una prima,
la madre Celestina  
(izquierda) en la fabrica Savoia Marchetti 

Mi última foto familiar en Italia
despidiéndonos de los abuelos maternos. 
Los padres tenían ofertas de Cuba y de Argentina. Eligieron Argentina, contratados por la Marina. Llegaron en el Entre Rios, uno de los cuatro Victory comprados por la Argentina y utilizados para trasladar inmigrantes luego de la guerra. Estuvieron tres días en el viejo Hotel de Inmigrantes antes de conseguir transporte para Puerto Belgrano. Era junio de 1947. Ella tenía entonces casi 10 años.
Barco Entre Ríos, uno de los Victory
Mi cuarto grado. Asomo tímidamente
escondida entre las chicas arrodilladas. 
 
–Inmediatamente fui al colegio y entré a 3er grado viniendo de 3er grado de Italia o sea que salteé un año. La maestra nos dibujaba las letras nuevas para nosotros, la "y" la "x" , la "k", la "ñ", para las recién llegadas. Fue un año largo para mí, duró desde octubre a mayo en Italia y de agosto a noviembre en Argentina, pero me permitió ganar un año ya que aceptaron saltear el Primero Superior que no existía en Italia. 
Me recibí de maestra normal nacional a los 16 años. El último año lo hice en Buenos Aires, donde nos mudamos ya que aquí vivían parientes de mi mamá.  
1958- Maestra de grado- Estoy en el centro de la
fila del medio, apenas más alta que mis alumnos
Inmediatamente de recibida de maestra saqué la ciudadanía argentina y empecé a trabajar al frente de un grado y al mismo tiempo empecé a estudiar Medicina.  
–¿Por qué Medicina?  
–Creo que fue porque me gustaba mucho el contacto con los chicos. Aún siendo alumna practicante sentía que los estaba ayudando y quise extender esas sensaciones con su gente sus familias, sus amigos y todo el que me necesitara. Y lo lograría como médica.
En Medicina todo fue bien hasta tercer año, cuando la carrera empezó a exigirme demasiado. Vivía en Bella Vista, trabajaba en escuelas de San Miguel, José C. Paz, etc., y estudiaba en la UBA. Se me hizo complicado porque en Medicina empezaban las prácticas y no podía hacerlas y además trabajar. Dejé Medicina. Tenía 19 años. Entonces hice los primeros cursos en Bull, los equipos de registro unitario, el primero fue de perfoverificadora.
–¿Cómo fue, quién te invitó?
Bull en aquel momento, 1958, tenía un grupo grande de italianos. Recuerdo a Guerrini, el número uno. Boldrini era nuestro amigo, Porreca era el instructor, eran muchos. A través de amigos en común me ofrecieron el curso de perfoverificadora, luego de operadora y después  hice el curso de tablerista. El instructor de todos esos cursos fue Leo Porreca. 
Fines del año 1959, en el Banco Francés e
Italiano para la América del Sud (hoy Sudameris)
En seguida del primer curso empecé a trabajar en el Banco Francés e Italiano para la América del Sud y a los pocos meses dejé el trabajo de maestra, que a esa altura trabajaba en turno noche para adultos. 
Ya trabajando en el Banco, en 1961, un pariente mío me pregunta si no quería hacer un curso en IBM para tener la oportunidad luego de empezar a trabajar como programadora en Molinos Río de la Plata. 
O sea que no tenías la seguridad de entrar a Molinos después del curso.
Decidí tomar el riesgo y dejé el banco. Hice el curso de SPS, 1401. Trabajé seis años en Molinos, donde conocí a mi marido. 
Grupo de Analistas y Programadores. 
Estoy entre mi compañera y el que luego
sería mi esposo, Héctor Luis Román
Un día dimos la gran sorpresa y anunciamos que nos casábamos.  Él, Hector Luis Román, era el Jefe de Analistas, o sea mi jefe. 
La primera decisión importante en común fue comprar un auto. Nos casamos con una misa un martes a la mañana, almorzamos con las respectivas familiares y alrededor de las 3 de la tarde apuntamos para la Panamericana sin rumbo definido. 
Ida Bianchi y Héctor Román
Recuerdo que a la altura de Campana hubo una gran tormenta que nos obligó a refugiarnos en la Comisaría y allí nos consiguieron un hotel modesto pero nuevo y muy simpático. Sin duda eso marcó nuestras vacaciones de allí en más, ya que siempre las hemos disfrutado recorriendo miles de kilómetros y sin planificación previa, no importa dónde estuviéramos. 
¿Tu jefe pasó a ser tu marido? 
–Por poco tiempo. Mi esposo dejó Molinos y fue como Gerente de Sistemas para un Laboratorio de zona norte, que quería un nuevo equipo y que debía ser seleccionado, configurado y puesto en marcha con migración incluida. Resultó ser un IBM/360.  
Yo continué trabajando un par de años más hasta que acepté una oferta de la empresa Standard Electric para el puesto de Jefe de Programación de un IBM 1440.  El equipo estaba instalado en su fábrica de San Isidro y el viaje resultó ser bastante largo, vivíamos en Congreso. 
Al mismo tiempo estuve trabajando free-lance para Administrative Advisors, un estudio que daba Service, que estaba implementando un sistema  Financiero-Contable muy ambicioso para un equipo NCR Century 200 con lenguaje Neat/3. Superpuse un poco las dos cosas. 
–¿Por qué dejaste Molinos? 
Había pasado de Programadora a Analista y ahí me quedé. 
En marzo/abril del 71 me llamó la atención un aviso chiquito en un diario: “el único defecto que tienen es enchufarse”. Era de Burroughs, que buscaba analistas. Para mí trabajar en un proveedos era un sueño lejano. Me presenté en Burroughs y lo que más les gustó fueron los conocimientos que tenía de IBM, de 1401 y de 1440. Me entrevistó el presidente de la compañía, una personalidad excelente, un señor. Un americano que estaba aquí desde varios años, se había casado con una argentina. 
–¿Te acordás el nombre?
Wise. Era alto, con prestancia. Me dice: 
-Vas a tener que pasar una entrevista con dos analistas de aquí de Burroughs. Las condiciones son, si ellos te aprueban, te hago un ofrecimiento pero con una condición. 
-Bueno, ¿cuál es la condición? 
-Serías la primera mujer de Burroughs, te pondríamos a prueba seis meses para ver si los clientes aceptan que una mujer los asesore. Si los clientes aceptan, si los operadores y programadores con los que vas a tener  que trabajar también te aceptan y si los gerentes con los que vas a tener que discutir los temas también, entonces te confirmamos. 
La oferta económica era un 10% menos que lo que ganaba en ese momento y tomé la decisión de aceptar. Los analistas eran Enrique Pena y Alfredo Pérez. Establecimos la entrevista, con horario y todo y después no sé qué pasó, no aparecieron ninguno de los dos. Wise confió en mí, y me dijo “Sí, entrá”. Yo aguanté la prueba. Estaba en un proveedor, era mi sueño.  
–¡Qué bueno! ¿Como fue tu carrera en Burroughs?
Tuve muy buena recepción de los cuatro analistas que trabajaban en Burroughs entonces, yo era la quinta. Elsa, la secretara de Gerencia General, estuvo todo un mes acompañándome a almorzar para que yo me sintiera cómoda, no sé si espontánea o mandada por Wise. Al mes ya estaba integrada.   
El entrenamiento fue especial. Me dieron un manual de Assembler de B300/B500, un bloc de notas para mis apuntes, y los otros analistas me aclaraban las dudas cuando lo necesitaba. 
Al mes me llamaron: “En diez días empieza un curso de B300”. Respiré aliviada, por fin me van a dar un curso. “Estamos pensando en tales días y tales horas, ¿te viene bien?”. Me asombró la pregunta, ”¿Depende de mí, el curso?”. “Sí porque lo vas a dar vos”. 
Burroughs B300 Console
Recurrí al equipo y me dediqué con todo. Aprendí las instrucciones una por una. Al curso iban personas importantes, como el Gerente de Sistemas de Ford y también el Gerente de Sistemas de un Service importante, Bairesco. Salió muy bien, fue un gran éxito para mí. Una prueba de fuego que pude superar. 
–Una prueba de fuego detrás de otra. 

–Uno de los equipos que estaba en el Centro de Cómputos era un B500, equipo con el que tuve poco contacto, solo debí dictar un par de cursos. 
El equipo más grande era un B3500 con la típica configuración necesaria para un Banco.
Burroughs B3500
Fui conociendo este equipo al lado de Alfredo Pérez que estaba trabajando en la conversión del Banco Provincia dónde se estaban reemplazando 2 IBM 1401 por 2 B3500 con Cobol. Ante cualquier traba o duda en el funcionamiento del programa convertido, yo debía interpretar el código de la 1401 para que Alfredo pudiera analizar, corregir el inconveniente y seguir adelante.   
Después de eso empecé a asesorar algunos bancos que usaban la B300 y que utilizaban los Reader Sorters. 
No conocí el Sorter, ¿qué era? 
Maqueta de Sorter (Foto tomada por Ida)  
El Sorter es un lector de cheques de alta velocidad, leía desde 600 documentos por minuto y podía llegar a 1625 por minuto. El programa decidía que hacer con cada cheque y a cuál de los doce bolsillos enviarlo. En paralelo se imprimían en impresoras de hasta seis tiras cada una, las tiras sincronizadas con los bolsillos.
 En agosto de 1974 nació mi hijo Sergio y en agosto de 1975 nació mi hija Adriana. Fueron dos años un poco complicados pero en ambos casos pude trabajar hasta el ultimo día del embarazo.  
Asistí durante bastante tiempo a la Cámara Compensadora del Banco Central que hacía el clearing de todo el país. También Banco Francés, Banco Londres, Banco Boston. Otros fueron Banco Mendoza, Banco Israelita de Buenos Aires, el Banco San Juan, el Córdoba, el Israelita de Rosario, Entre Ríos. 
En el Banco Italia y Río de la Plata empecé a incursionar en Comunicaciones, implementando un sistema de respuesta de saldos en tiempo real. Estuve a cargo del proyecto de Time Sharing Comercial de Burroughs. Se implementó con éxito en Della Zoppa y en BGH.  
–¿El amor con COBOL cuándo empezó? 
Cuando comencé a trabajar con los Sistemas Medios (B3500 hasta 4900 y luego series V900). Fueron equipos diseñados para el lenguaje COBOL. Después de mi etapa de bancos fui a apoyar clientes como Ford, Autolatina. Droguerías del Sur, Droguería Suizo Argentina, Bairesco. 
–¿Qué experiencias tuviste siendo muchas veces la única mujer?
Tuve muchas anécdotas siendo mujer. En varios bancos del interior no habían previsto baños para damas, en Ejército no podía usar el ascensor de oficiales aunque fuera a ver al Teniente Coronel, no podía ir en pantalones. Tenían una estructura muy rara. El Jefe del Centro de Cómputos debía ser Capitán, los Analistas y Programadores debían ser Oficiales, los Operadores debían ser Suboficiales. 
Pero en general fueron anécdotas positivas, hice muchos amigos.
Con cajeros automáticos instalé el primero en el Banco Israelita de Rosario, le siguió el Banco Mayo, el Banco de Mendoza, el Banco de la Provincia de Buenos Aires que estaba iniciando el proyecto BAPRO I y bancos de Uruguay. 
Cada banco eligió como implementar su red de cajeros. Algunos pidieron que fuera llave en mano, el Banco Mayo solicitó el armado de todo el esquema administrativo y operativo pero quiso que le entrenara una persona para que los programara. El Banco Provincia seleccionó cuatro personas de su oficina de Organización y Métodos para armar un grupo de trabajo especializado pero programar el cajero propiamente dicho fue una de mis tareas.  
–Una verdadera experta en Bancos, por lo que contás.  
Posteriormente estuve asesorando y apoyando a clientes que requerían del armado de redes de comunicación de datos. 
Fue en esos años que conocí a Enrique Draier, nos vimos en varias charlas y presentaciones. Nos encontramos también "compitiendo" en alguna  propuesta. Al tiempo de dejar yo Burroughs, nos reencontramos en un espacio político en Vicente López compartiendo reuniones, charlas y proyectos en un partido vecinal. Allí se concretó una amistad que continuó luego en el ámbito profesional y personal. 
¿Cuánto tiempo trabajaste en Burroughs? 
Fueron 18 años.  
En 1988 pasé a Bagley que recién había reemplazado un NCR 315 por dos B2700, luego B3700 y finalmente migró a serie A. Allí trabajé como Jefe del Centro de Cómputos y Jefe del Área Técnica hasta mi retiro, en 1997.  
Al poco tiempo de comenzar yo en Bagley, mi esposo sufrió un infarto que lo mantuvo mas de un año sin trabajar. Decidió comenzar algo nuevo que no fuera muy exigente para su salud y consultó con los hijos si querían ayudarlo. Rápidamente se pusieron a trabajar y a pesar de que ninguno de los dos llegaba a los veinte años asumieron tareas claves para el proyecto que era desarrollo de un sistema de Liquidaciones y RRHH generalizado.  
Mi hijo se dedicó al desarrollo propiamente dicho, ya sabía Cobol y Assembler, aprendió LINC y Base de datos.  
Mi hija se sintió cómoda en el trato con los clientes, en presentaciones y reuniones con el personal de sistemas, relevamientos con los usuarios, implementación y puesta en marcha.  
Trabajaron casi diez años junto al padre, hoy mi hijo se dedica a la docencia y mi hija está a cargo del área financiera en una empresa multinacional de juguetes. 
 (Continuará...)

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