Autor del Blog: HERNÁN HUERGO

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18/11/2015: Hernán Huergo: Conversando con José de la Cuesta Ávila - Parte 1


José de la Cuesta Ávila, 17/11/2015, 
en el Palacio Balcarce

Nos encontramos en el bar del COFA, mejor decir el Palacio Balcarce, edificio histórico fuera de serie, allí en Quintana  casi Montevideo. Me invitó a tomar un café. Yo lo conocía nada más que por su nombre y alguna de sus famas, el Tte. Cnel. (R) José Javier de la Cuesta Ávila. Nunca imaginé que me contaría tanto de su vida, de su historia, con detalles que me parecieron fascinantes. Y cuando nos íbamos él me dijo la frase que coronaba todo: “La memoria se hace historia cuando la gente se muere. Yo escribo en un medio una serie que se llama Conversando con… para conocer la historia de los entrevistados, contada por ellos mismos, a tiempo para que la gente la conozca”.

Palacio Balcarce
Entonces allí va: la historia de José de la Cuesta Ávila que les cuento a partir de lo que conversamos en un café.

En 1958, el entonces Mayor José de la Cuesta Ávila fue destinado como Jefe al Hospital Militar Central, una señal que interpretó como que era el fin de su carrera.

– ¿Por qué? –le pregunté.
- Era un castigo por mi mala conducta.

Así de increíble comenzó la conversación, que me llevaría de sorpresa en sorpresa.

– Yo me había visto obligado a castigar a oficiales sublevados, ellos habían triunfado y pasaba a ser yo el castigado.

La vida de José de la Cuesta Ávila es un rosario de suertes, de las malas y de las buenas.

- Así era la vida en el Ejército. Vivíamos en estado de permanente asamblea. Que radicales, conservadores, peronistas o antiperonistas. Que Azules o Colorados. A mí casi siempre me tocó estar del lado de los perdedores… Cada vez que nos tocaba gobernar lo hacíamos mal… Los militares estamos preparados para mandar, no para gobernar…

Fue entonces que José lo pensó. Si su carrera en el Ejército estaba llegando a su fin, por qué no intentar aprender esa cosa nueva. Tomó el teléfono y llamó a IBM. Quería hacer un curso. No se imaginó que prácticamente al día siguiente se presentaría en el Hospital el señor Bossisio, el encargado de las relaciones de IBM con las Fuerzas Armadas. Estaba muy sorprendido porque un militar en actividad del cuerpo de comando solicitara un curso: “Usted está invitado a nuestros cursos. Tenemos un curso que comienza la semana que viene”.

La suerte de las buenas fue que en el Curso para Ejecutivos, que hizo durante tres meses de diez a doce de la noche, lo recibió Barraza, su amigo de chico, del mismo barrio. Era un curso general orientado a organizar sistemas para utilizar equipos UR. Era más que nada un curso de ventas.

- Terminé el curso muy contento y volví al Hospital, pero para mi sorpresa…

Para sorpresa de José de la Cuesta no había pasado una semana cuando aterrizó en el Hospital una persona desconocida. Era el encargado de relaciones con las Fuerzas Armadas ¡de Univac! Le ofrecían un curso muy superior al que se habían enterado que había tomado en IBM: “En nuestro curso va a aprender qué son y para qué sirven las computadoras”. De la Cuesta aceptó encantado la invitación.

- El resultado fue que no entendí nada. La verdad es que no entendí lo que se llama nada de nada.

Me encantó mi conversación con José de la Cuesta Ávila. Quizás escuchar esto fue uno de los momentos más sublimes. No pude menos que reírme.

- ¿Entonces qué pasó?

Pasó que llegó fin de año y el Mayor continuó su carrera, ¡oh sorpresa!, no lo pasaban a retiro. Lo mandaban a un comando de Tucumán, pero su destino lo perseguía. La gente de IBM le mandaba folletos. La gente de Univac también mandaba más y más folletos. Y se enteró de las ofertas de Hewlett Packard porque también mandaba su lluvia de folletos.

- Luego de un tiempo en Tucumán me enteré de que se estaba creando un nuevo Distrito Militar en Frías, Santiago del Estero. Entonces me nombré a mí mismo Jefe del nuevo Destacamento.

Un placer escucharlo, porque las sorpresas no paraban.

En cuanto asumió su nueva posición, era 1962, entendió de inmediato que el tema de Enrolamiento era una excelente oportunidad para aplicar la computadora en la solución. No se le ocurrió nada mejor que preparar un programa de computación para controlar la incorporación de los reclutas.

- El resultado fue un adefesio. Se lo mandé a la gente de IBM. Allí apareció este muchacho que lo hizo de nuevo, lo hizo bien.

En cuanto tuvo el programa correcto en su poder, de la Cuesta se lo envió a la Inspección General Territorial, ubicada en Buenos Aires, cuyo Jefe Técnico, el Tte. Cnel. Aguiar, lo recibió como un tesoro.

Fue en agosto de ese año que vino el enfrentamiento entre Azules y Colorados y por supuesto nuestro hombre estaba del lado de los perdedores. Como resultado lo relevaron de su comando y lo destinaron ¿a dónde? Por casualidad o no, fue a parar a la Inspección General Territorial, como Jefe de la División Reservas, donde quedaban registrados todos los que pasaban por el servicio militar, los "reservistas". El Jefe Técnico Tte. Cnel. Aguiar, lo aguardaba con ansias. “Una suerte que esté con nosotros, Mayor. Tiene que explicarnos cómo funciona el programa que nos mandó”.

- Tuve que confesarle que no sabía. Que había que llamar a la gente de IBM.

José tiene la mejor opinión de la IBM de aquellos años. “Una excelente empresa entonces. Era como hablar de CocaCola, en otro rubro”.

IBM puso el hombro, y mucho más, y se creó todo un sistema para organizar las Reservas, el RIPOM (por Registro Integral de Personal con Obligación Militar). La fama de de la Cuesta como experto en Computación, ya corría de boca en boca dentro del Ejército.

- Yo nunca hice las cosas solo, siempre me ayudaron, en este caso IBM.

Sin embargo, el dominio de la Computación ya era tema de conflicto en la fuerza. El Mayor de la Cuesta Ávila pertenecía a una unidad que formaba parte del Estado Mayor del Ejército. Pero en paralelo había una Dirección General de Administración (DGA) que cuidaba lo que consideraba su propio territorio. Defenderían a muerte sus derechos frente al avance de ese Mayor. El Coronel Caballero a cargo, secundado por otro coronel, defendían esa tesitura con todas sus fuerzas.

Cuando José afirma que siempre tuvo amigos para trabajar en equipo, no se cansa de dar ejemplos. Porque fue el momento en que se acordó de que su amigo, también militar, Héctor Hiram Vila, estaba haciendo cursos en USA y le preguntó si no podía conseguirle alguna cosa para ayudarlo en esta lucha con la DGA. La respuesta tardó un mes y medio en llegar, pero fue mucho más extraordinaria que lo que el Mayor hubiera esperado.

- Me mandó Instructivos de cómo funcionaba el tema computación para el Ejército norteamericano. Allí el tema lo manejaba el Estado Mayor. ¡Papita para el loro!

Entonces llegó el momento de la decisión. El primero a convencer de que Computación era un tema del Ejército, no de Administración, era el Comandante en Jefe de la fuerza. “Mayor: tiene usted diez minutos para convencerlo al Comandante Onganía de que Computación pertenece al Estado Mayor, no a la DGA”, le dijo Aciar.

José usó los diez minutos con su arma infalible, los instructivos recibidos de Hiram Vila. 

-La gente de IBM también me ayudó, me mandó de todo.

“Esto debe manejarlo el Ejército, no la DGA”, opinó Onganía al cabo de los diez minutos, totalmente convencido. “Tenemos razones suficientes para que el Ministro de Guerra tome esa decisión. Usted me va a acompañar, Mayor de la Cuesta, y quiero que le haga al ministro la misma presentación que me acaba de hacer”.

Unos días después se produjo la reunión con el Ministro de Guerra. Presentación de Ejército de Onganía, o sea de de la Cuesta Ávila, versus la presentación de la DGA, a cargo de los dos coroneles.

- La presentación de la DGA me pareció espectacular. Yo repetí lo mismo que había dicho antes, basado en lo que hacía el Ejército norteamericano.

Al día siguiente lo llamó el Secretario de Onganía: “Ganó, Mayor de la Cuesta, la Computación la va a manejar el Estado Mayor".

La fama del Mayor José de la Cuesta Ávila no paraba de aumentar, a la par que el rencor de algunos enemigos.

Continúa en Parte 2

19/11/2015: Hernán Huergo: Conversando con José de la Cuesta Ávila - Parte 2


El Mayor de la Cuesta Ávila había ganado una batalla muy importante. Es cierto que había contado con los aliados justos en el momento justo.

– Fue un tiempo en el cual lo que hice, como siempre lo digo, se debió más a los apoyos y ayudas que a mi propia capacidad.

Una modestia algo abrumadora, que no se compadece con el aura que ya se formaba alrededor de su figura. Sin embargo, luego de tal triunfo nuestro hombre siguió siendo el mismo. Y como tal, siempre preocupado en aprender más y más sobre su nueva carrera.

– Hice un curso en el ICAP, de Organización y Métodos, extraordinario, que me fue de enorme utilidad en mi vida. Me fue muy bien.

Y lo siguiente que me cuenta me aumenta el asombro, ya en 1965:

– Naciones Unidas ofrecía cursos para la Administración Pública argentina, incluyendo los militares. Pedí permiso, me presenté y gané una de las 5 becas. Elegí la Universidad de Manchester, la más avanzada en el tema Computación.

Se anotó en un curso de Ingeniería de Sistemas. La sorpresa cuando llegó al lugar fue mayúscula. El curso anunciado no existía, estaba en preparación.

– El resultado para mí fue espectacular. Porque me utilizaron como una especie de conejillo de Indias. Yo ya sabía cosas  de computación y armaron el curso a la medida de lo que yo necesitaba.
Universidad de Manchester

Fueron dos años de aprendizaje clave para de la Cuesta Ávila, incluyendo visitas al ejército francés y también al ejército español, dos meses en cada sitio. Pero estas visitas eran hechas como estudiante avanzado de Manchester, que ya tenía conocimientos y experiencia en computación bastante singulares. 

– Sabía más que ellos –dice, mostrando que todas sus modestias anteriores no eran falsas.

Cuando José regresa a la Argentina, en 1966, encuentra que el plan de trabajo que había dejado antes de irse lo estaban cumpliendo a la perfección. Ya era para entonces Teniente Coronel, pero le esperaba una noticia aún más importante para él:

– Entonces me nombraron Director del Proyecto SCD del Ejército.
– Esa sigla, SCD, ¿quién la inventó?
– La inventé yo.

“Qué bueno”, pienso, “por fin me entero de quién fue el padre de la criatura”.

José de la Cuesta siguió avanzando con sus planes SCD en múltiples frentes. En 1967, la flamante DISCAD (Dirección Integral de Sistemas de Computación Automática de Datos) estaba en el proceso de incorporar una poderosa computadora que satisfaría las necesidades informáticas de Ejército. Sin embargo, como ya se dijo, el Tte. Cnel. José de la Cuesta Ávila tenía sus enemigos. Porque cuando terminó ese año, momento en que le tocaba ser promovido a Coronel, le llegó la noticia de que no sería ascendido. Lo cual, según códigos y costumbres de la fuerza, significaba que debía pedir el retiro. Por lo menos, así lo tomó José.

– ¿Por qué no ascendí? Porque dijeron que yo había dedicado mucho tiempo a temas que no interesaban al Ejército.

42 años y a su casa. Pero no habían pasado demasiados días cuando un hijo le dijo: “Papá, te llamaron de Presidencia”. “¿De Presidencia?”. Lo volvieron a llamar y tres días después estaba reunido con el presidente.

– ¿Se puede saber por qué pidió el retiro? ¿Por qué no peleó su ascenso? –lo atacó Onganía.
– ¿No ascendí? No ascendí. ¿No peleé? Creí que no debía pelear.
– Bueno, comienza mañana mismo su nuevo trabajo. Va a ser Asesor SCD de Presidencia.

1968 y de nuevo al trabajo SCD, pero ahora a nivel de toda la Administración Pública. La primer misión fue crear Centros de Cómputos por Ministerio. El más importante ya existía, el de Bienestar Social, o sea el CUPED. Y a esta altura ya lo conocen los lectores a de la Cuesta Ávila. No tardó en descubrir una persona que se convertiría en aliado clave para sus planes, Mendiburu.

Un momento de gloria para el ciclo iniciado por José fue, sin duda, el Congreso SCD de 1969.

– Fue algo espectacular por la cantidad de trabajos presentados. Además de las exposiciones se daban cursos. Las empresas colocaron equipos. Un éxito extraordinario.

Pero poco después pasó algo totalmente inesperado.

– El diablo metió la cola.

El suegro de José de la Cuesta, que dirigía la exitosa Mina Pirquitas, falleció.

– Mi suegra nos reunió a todos con la pregunta, ¿quién quiere ser el nuevo director de Mina Pirquitas? Todos miramos para otro lado.

Pero vuelto a su casa, la mujer de José lo ametralló:

– Primera vez que mamá te pide algo y vos te negás.

El resultado fue el que todos ya imaginan. Al día siguiente el Tte. Cnel. (R) José Javier de la Cuesta Ávila renunció como Asesor SCD a nivel nacional y pasó a ser el nuevo director de Mina Pirquitas.

– O ganaba plata o ganaba gloria. Opté por ganar plata.

Así terminó su carrera en Computación y comenzó su nueva carrera como minero, que lo llevaría a ser el presidente de la minera.

Me habían quedado preguntas en el tintero.

– Tu opinión de Mendiburu.
– Un tipo que no tan sólo era bueno, era muy organizado. El CUPED e YPF eran los mejores centros del estado, modelos. En YPF había una mujer, buenísima, no me acuerdo el nombre.

– ¿Quién inventó lo del escalafón SCD?
– Fue un proyecto mío, pero no fue un trabajo original. Me basé en lo que había ya avanzado en el tema Mendiburu.  Fue él quien armó las escalas y yo presenté el proyecto en base a ellas.

– ¿El Comodoro Vélez?
– Con él nos conocíamos mucho, habíamos estado juntos en el Colegio Militar, él dos años mayor. Vélez estaba en el Centro de Cómputos y era ingeniero militar. Yo me sentía muy solo en mi función en Presidencia y lo invité a acompañarme. Un tipo de excepción, muy gente, muy estudioso, muy capaz. Me aceptó como jefe, siendo yo no sólo menos antiguo sino de grado inferior. ¡Un señor!

Me queda alguna cosa más
que contar sobre él
– ¿Tu relación con IBM?
– Nosotros queríamos alquiler con opción a compra, pero Esmerode insistía en alquiler o compra, no aceptaba lo que nosotros pedíamos. Incluso fue a hablar con mi jefe por el tema, sin éxito. Finalmente, para el DISCAD elegimos Burroughs, que además de aceptar lo de alquiler con opción a compra, ofrecía una solución más potente y moderna, adecuada a lo que necesitábamos.

José de la Cuesta Ávila nació en Tucumán un 28 de febrero de hace 90 años, es viudo, con 5 hijos, 8 nietos y 3 bisnietos. Me queda alguna cosa más que contar sobre él, sorprendente como muchas de las contadas, o más aún. Tiene que ver con sus nietos, que lo llaman Pepe. Doy una pista con la imagen vecina.

Gracias, Teniente Coronel (R) José Javier de la Cuesta Ávila, fue un placer conversar con vos y hacer historia de tu memoria.

Gracias, José!

Gracias, Pepe!

15/11/2017: Historias del Casco Vélez (I): Conversando con Cris, Parte 1


Queridos amigos,

Desde que empecé con esta serie que denomino Conversando con… siempre estuvo en mi cabeza algún día escribir algo sobre el que para mí comenzó siendo el Comodoro Vélez, que trabajando justamente con el Teniente Coronel José de la Cuesta Ávila, conformaban un equipo que velaba en forma severa por los intereses SCD del estado argentino.

Cuando decidí salir de IBM, en 1980, para comenzar con un emprendimiento personal, SDI, Sistemas de Información, varios de los proyectos de mi flamante consultora tenían que ver con empresas del estado o de servicios públicos. Por esa y otras circunstancias tuve diversos encuentros con Oscar Vélez, quien inmediatamente me cautivó con su personalidad, motor permanente de iniciativas y desbordante buen humor. Conocí además a dos de sus cuatro hijas, Cris y Susy, herederas de virtudes informáticas y de las otras. En poquísimo tiempo pasé a considerar al personaje como un amigo, el Casco Vélez. Estoy seguro de que la misma sensación habrán tenido muchos de los que lo conocieron, lo respetaron, lo admiraron, disfrutaron de su verba chispeante y lo sumaron como amigo.

Así que cuando Cris Vélez se sumó a nuestro grupo de Dinas al tiempo le propuse que me ayudara para esta historia. Ella aceptó encantada, me escribió una suerte de Hoja de Vida resumida, me mandó un montón de fotos y conversamos por Skype un par de horas.

La Hoja de Vida comenzaba diciendo:

“Nació el 3 de abril de 1924. El menor de siete hermanos. Su padre, a quien él admiraba profundamente, tenía más de 50 años y murió cuando mi padre tenía apenas 16 años. Su hermano mayor le llevaba mas de veinte años y sus sobrinos eran casi de su edad. Mi abuelo era militar y hermano de Gregorio Vélez, creador de la Aeronáutica Militar. Por él nombraron Oscar Gregorio a mi papá. Su hermano mayor era piloto de la Aeronáutica y ambos, hermano mayor y padre, no querían que fuera militar sino ingeniero. Pero Casquito llevaba la aviación en la sangre y además decidió seguir dos carreras.”

–¿De dónde salió lo de Casquito?

Tenía una enorme vocación militar. Le decían Casquito porque vivía siempre con un casco puesto que tenían en la casa. Jugaba siempre con avioncitos.

Y me cuenta más cosas de su infancia:

Mi viejo era un crack dibujando. Tuvo de profesora a Lola Mora.

“Se casó el 2 de agosto de 1945 con Susana Fernández Oyuela (mi madre) y tuvo 4 hijas: Tere y yo (1949, 1950, cordobesas), Susy (1955, yanqui) y Alex (1963, porteña).”

–¿Se casó a los 21 años? ¿Tu mamá que edad tenía?

–La misma que él, nació el 5 de abril del mismo año.

Susana Oyuela y Oscar Vélez,
arriba a los 21 años.
Y me cuenta la historia, divertida.

–Marta Oyuela, la hermana mayor, vivía en Azul, cuando se casó con un militar. Cuando papá se recibió, no se quedó en Córdoba, lo mandaron directamente a Azul. Mi mamá, de visita en lo de su hermana, necesitaba una montura de riendas cortas porque era petisa, algo que mi papá, también petiso, tenía. Fue a pispear quién era la mujer para la cual le pedían esta montura. Cuando la conoció se quedó totalmente enamorado. Mamá nunca le dio el sí, él decidió casarse. Terriblemente ansioso, vivía siempre un paso adelantado. “Cuando me di cuenta ya habíamos puesto fecha”, me contó mamá.

Oscar Gregorio Vélez era entonces cadete artillero. Se fueron a vivir a Córdoba. Tardaron cuatro años en lograr tener la primera hija. Incompatibilidad de sangre.

–Mamá le hizo una promesa a Santa Teresita y Tere nació en 1949, yo un año después.

Universidad de Córdoba
"Se recibió en 1951 de Ingeniero Mecánico en la Universidad de Córdoba y de Ingeniero Mecánico Aeronáutico en la Fuerza Aérea."

El Casco Vélez no era peronista y lo metieron preso en Córdoba –denuncia de un mozo que lo escuchó hablar mal de Perón poco tiempo luego de recibido, por 4 meses (1951/1952). Y en seguida lo dieron de baja de la Fuerza Aérea.

“… tuvo que trabajar como ingeniero en una fábrica en Arrecifes. Allí conoció al Ing Vila, su mentor de ahí en más, que le aconsejó irse a EEUU porque su nombre figuraba en listas "negras" que obligaban al dueño de la fábrica a no tenerlo de empleado.

–Mientras trabajó en la fábrica de Arrecifes se llamó Oscar Pérez.

"Y así partió, con su eterna sonrisa puesta, a buscar nuevos horizontes. Consiguió trabajo en la fábrica Ford en Wayne, Michigan (cerca de Detroit). Participó del diseño del primer Falcon. A los seis meses, ya instalado, nos vino a buscar a mi madre, mi hermana mayor y yo. Las otras aún no existían."

–Era brillante. Con una curiosidad increíble. Enciclopedista. Cualquier tema le interesaba. La ciencia, la historia. La endibia. Cualquier tema… Papá tenía una inteligencia emocional, mamá tenía la inteligencia racional.

Cris, la mamá y Tere, en Ann Arbor, Michigan.



Del Facebook de Cris. "Mamá era todo en casa", me dice.

Le fue muy bien allá y cuando estábamos ya asentados con una hermana norteamericana recién nacida, Susy, en 1955, Aramburu lo convoca para reincorporarlo a la Fuerza Aérea…”

–A mi papá le iba muy bien y había llegado al Directorio de Ford. “Ni se te ocurra aceptar”, dijo mi madre. Fue inútil. Le encantaba volver a la Fuerza Aérea. Mi mamá lo entendió. Volvimos a Córdoba. Yo no hablaba prácticamente castellano.

¡En el Directorio de Ford a los 31 años! ¡Sí que tenía vocación por la Fuerza Aérea!

–¡Qué extraño! ¿No hablaban castellano en tu casa?

Teníamos un bilingüe muy raro. Entendíamos todo los que nos decían en español pero contestábamos siempre en inglés. Con mi hermana mayor, Tere, aún hoy seguimos hablando inglés entre nosotras.

“En 1956 lo mandan de Agregado Aeronáutico a Nueva York a la Casa Militar de la Embajada Argentina de EEUU.”

–Se va con toda la familia. Con mis hermanas éramos una especie de equipo, acostumbradas a  los cambios. No los sufríamos para nada. Yo soy muy nómade.

“Luego volvió, en 1960, a Buenos Aires y dirigió la Secretaría de Aeronáutica. En esa función conoció a Wernher von Braun, con quien estableció una larga amistad. También le tocó atender a los astronautas norteamericanos que visitaron Buenos Aires. La Astronáutica fue otra de sus pasiones.”

–Nos mandaron al St. Catherine que arrancaba en Buenos Aires por esa época. Para Tere y para mí una suerte, nos sentíamos mas cómodas hablando en inglés. Nuestro vocabulario español era bastante más limitado, si bien con nuestros parientes argentinos nos comunicábamos en castellano. Hablábamos un correctísimo spanglish... Nos reafianzamos muy bien.  Alex nació en 1963, época de mucho ajetreo. 

Me cuenta que las hijas de Susana Oyuela y el Casco son en realidad cuatro Marías, María Teresa –Tere–, María Cristina –Cris–, María Susana –Susy– y María Alejandra –Alex.

–En casa compartíamos las cuatro comidas con mis padres. La mesa era sagrada. Era el momento en que nos veíamos todos y charlábamos de todo. Hasta al cine íbamos con mis viejos.

Misil Orion II en su base de lanzamiento,
Tartagal, Salta.
Me sorprende cuando me dice:

Papá viajaba mucho a Tartagal, a tirar misiles. 


Y me cuenta de cuándo lo conoció a von Braun:

–A fines de 1963 lo conoció a Wernher von Braun, porque le tocó atenderlo cuando vino en un viaje a Buenos Aires. La mujer, de nombre María, estaba muy impresionada por el hecho de que mi padre tuviera hijas todas llamadas María. Nos dedicó uno de sus libros, “a las cuatro Marías”.

La Nación, 3 de noviembre de 1963
“En 1964, se instaló en Córdoba para dirigir la Fábrica Militar de Aviones.”

–Yo empezaba mi secundario y me quería morir. ¡Otra vez!

University of Michigan

“En 1965 decidió retirarse de la Fuerza Aérea como Comodoro y obtuvo una beca de un año para realizar un Master en Computing Science en la Universidad de Michigan.”

–El Master duraba dos años pero la beca que le dieron era por sólo uno. Decidió hacer el Master en un año para poder llevar a toda su familia. Lo logró, recibiéndose con honores. Ahí me contacté yo por primera vez con la Informática porque me encantaba acompañarlo a procesar datos en el Centro de Cómputos de la Universidad.

Y me aclara:

–Yo tenía pasión por mi viejo. La teníamos todas. Él me introdujo al mundo de la Informática, mis primeros pasos, a los 15 años.

“Su tesis la hizo de la mano de su amigo Von Braun. No recuerdo cuál fue el tema pero su desarrollo fue utilizado en la NASA.”

–Disfrutó mucho volver a verse con su amigo. En 1966 volvimos a Buenos Aires y entonces comenzó a dedicarse a la Informática.

–¿Cómo fue que empezó?

-No estoy muy segura si fue entonces que empezó a trabajar con de la Cuesta Ávila.

Según creo fue un poco después pero es momento de recordar lo que me dijo mi amigo Pepe de la Cuesta Ávila cuando conversé con él (2015.11.19: Hernán Huergo: Conversando con José de la Cuesta Ávila (Parte 2 de 2):

José de la Cuesta Ávila
–¿El Comodoro Vélez? Con él nos conocíamos mucho, habíamos estado juntos en el Colegio Militar, él dos años mayor. Vélez estaba en el Centro de Cómputos y era ingeniero militar. Yo me sentía muy solo en mi función en Presidencia y lo invité a acompañarme. Un tipo de excepción, muy gente, muy estudioso, muy capaz. Me aceptó como jefe, siendo yo no sólo menos antiguo sino de grado inferior. ¡Un señor!

Volviendo a mi entrevistada de pronto me sorprendo al escuchar:

–Y también armó la Universidad CAECE, en 1967.

Esto sí que no me lo esperaba. Para mí CAECE fue en su momento un fenómeno especial, que pronto empezó a producir profesionales aptos para las empresas, desesperadas en conseguir profesionales de Sistemas. Siempre tuve un gran respeto por esta universidad, que contribuyó a llenar un vacío importante por aquellos años.

–La armó junto a Carlos Bosch (su amigo de muchos años y compañero de armas), Jorge Bosch, Horacio Bosch y Juan Chamero. Son los cinco fundadores de la Universidad.

Continúa en Parte 2

11/03/2018: Club Palermo 09/03/2018: Tres premios y una historia de amor


Muy queridos Dinos,
Pucha que pasan los años...y se vienen, como un "cuete..."
cumpliré 77... y aunque digan "no aparenta"
yo, que bien llevo la cuenta,
sé donde me aprieta el juanete...

Muy Feliz Cumple,
querido Carlos!!

Hace casi tres años, el 15 de junio de 2015, asistí al encuentro Bit 40 en Club Palermo después de unos cuantos años de hacerme la rata. Fue redescubrir un placer. Una idea, la del Bit 40, ex Bit 25, pergeñada hace tantos años que ni me acuerdo, por Carlos Tomassino y Rodolfo Ratto, y mantenida a rajatabla por nuestro Dinobedel, cruzando décadas y hasta siglos. Un orgullo más en tu lista, gran Carlos. ¡¡Feliz Cumple hoy 11 de marzo!!, te digo de paso. 

Aquel 15 de junio nació este Blog: 

Hernán Huergo: Almuerzo BIT 40 en Club Palermo 15/06/2015 - Quiénes fuimos y quiénes somos.


Gracias por la foto, Lidia

Fuimos entonces 16 asistentes. Y estoy más que orgulloso de este Blog de Dinos y Dinas de la Informática en la Argentina, que ha juntado en estos años más de 350 historias, y que ha sido factor de acercamiento de tantos Dinos. 
Esta vez fuimos nada menos que 48 los Dinos presentes!! ¡Espectacular! ¡Somos legión! ¡Y nos divertimos cada vez más!

Tenemos, además del corazón de siempre, nuestro DinoBedel, al gran Organizador, el Master Jorge Hofmann, y al súper eficiente Luca Pacioli Repossi. 




Fuimos nada menos que 48! Hasta tenemos salón propio!

¡Hasta tenemos salón propio! ¡Impresionante!. Ya nos conocemos más y más, hasta nos damos cuenta y extrañamos a los amigos que no vienen.

Lo primero es lo primero y Jorge Hofmann fue el Maestro de ceremonias para los premios recordatorios del día, que fueron tres.

El primero fue para José de la Cuesta Ávila, nuestro querido Pepe, que ya cumplió sus 93 años. Estaba acompañado por su hija María Inés, por su amiga Ofelia Menéndez y por su asistente Patricia.

El primer video es el momento de mis palabras para él y de la entrega de la placa recordatoria.




A continuación, Pepe de la Cuesta Ávila agradeció con sentidas palabras.
Este mes cumplimos cincuenta años de mi actuación en la Presidencia de la Nación, medio siglo. Yo controlaba las cosas para que salieran bien... –comenzó diciendo–, y salieron bien...
Palabras coronadas con risas y aplausos.



Luego llegó el turno del premio a Juan Carlos Angió, el primer Computador Científico de nuestra historia, recibido el 30 de junio de 1964. Su discurso fue bien breve. ¡Felicitaciones!




El tercer homenajeado fue el mismísimo Dinobedel. Con un discurso tan micro que apenas le escuché decir un muchas gracias. ¡Felicitaciones! 


El tercer homenajeado es ya leyenda
entre nosotros
















Éramos siete mesas de unas siete personas cada una y a mí me tocó compartirla con el Gran Bedel, y con Lidia, y con Enrique Draier, Mike Kurlat, Juan Carlos Masjoan y Tomás Sandor. Lidia me mandó las fotos de la vecindad.


















Gracias Lidia por las fotos
Fuimos un montón y la pasamos de maravilla, al menos en mi caso. Aunque por alguna razón que no entiendo todavía a mí me atendieron no sólo bien sino rápido. Mi matambrito fue lo primero que salió. Para mí que alguien le dijo al dueño, ¡Ojo con el cronista! Cada cosa que salía aparecía delante mío como por magia y maravilla. Como una hora después de mi debut con el matambrito, rebueno, el DinoBedel seguía esperando su C2, los Spaguetti salteados.

Cuarenta y ocho personas, nada mal, pero los ausentes no se van a librar de algunos comentarios. Vos, Eduardo Juárez, que el lunes 5 te caíste y te pegaste un porrazo que incluyó rotura de fémur, estás más que perdonado, te deseamos la más pronta recuperación. A vos, Hugo Scolnik, que elegiste vacacionar en una playa de España en vez de acompañarnos, casi casi te entendemos. Más difícil es entenderte a vos, Profesor Martino, que preferiste abandonarnos para ir a una sesión en el Congreso sobre voto electrónico, ¡más aburrido imposible! A Liana Lew y a Jorge no los vimos, ausencias que se notan. Tito Passarello: nos debés justificativo firmado de tu ausencia. No sé cuándo vas a cambiar esa costumbre de ignorarnos, Héctor Coppola. A Raúl Bauer pedirle que venga a estos almuerzos es casi tan difícil como pedirle peras al olmo, pero no perdemos las esperanzas, cada tanto nos da la sorpresa.


Un buen ejemplo fue el de Patricio Castro. No sólo esta vez terminó acompañándonos, sino que jura que hará lo posible para estar en el Club Palermo del 11 de mayo, fecha de nuestro próximo encuentro, anótenlo ya. Supongo que está anotando en su celular la fecha.



Allí al lado de él los vemos a Pepe y a su Cristina, siempre firmes. 

Aunque esta vez algunos se quedaron esperando el show. 
¿Qué pasó con la promesa de show? me preguntó Adriana Schottlender, que compartía mesa con el Coco Solanas. 
Esperá que le pregunto a Ana Piccin contesté. 
La popular cantante, que compartía mesa con Eduardo Martínez, pronunció:
Ni idea, ¿porqué no le preguntás a Pepe?

No tuve tiempo de preguntarle al titular de la Comisión de Festejos y Actos Culturales, que me parece había prometido algún juglar que contara un cuento a capella, pero o no entendí nada o bien el juglar se achicó. Respuesta pendiente, querido Pepe.

La otra Cris, que compartía la misma mesa también con Jorge Fratini y Juan Carlos Cattáneo, sonrió a sus anchas cuando en los discursos de de la Cuesta Ávila apareció el nombre de su padre, el Casco Vélez. El no diplomático de mis adentros dijo la barbaridad: "en mi época de IBM en el gobierno había dos personas que controlaban todo, una era el cuco, o sea el malo, de la Cuesta Ávila, la otra era el bueno, el Casco Vélez". El pobre Pepe no tomó a mal que yo lo llamara el cuco, eso espero.

Un verdadero placer tener entre nosotros a Pilar y a Tito Suter. Ella me prestó una foto de la estatua de mi bisabuelo cuando estaba instalada en Perú 222, antiguo domicilio de Exactas. ¡Gracias mil, Pilar! 
–¿Cómo se te te ocurrió utilizar a Clemente como símbolo de tu página de cuentos y otras cosas –me preguntó Irene Loiseau.
–Para mí Clemente, o sea Caloi, siempre fue sinónimo de "un cacho de cultura".
–Caloi era mi primo –me dijo ella, toda sonrisa.
Pero me falta contarles la historia del día. Es una historia de amor.
–Hay un porqué de lo mío, le llevo veintitrés años a mi mujer –dijo él. 
–Debe ser lindo –dijo alguien de la mesa, de edad parecida.
–Más que eso. Es imposible de mejorar lo que consiguió –dijo la Dina de la mesa–. Gabriela, además de linda, es buena, con be larga bien mayúscula.
–Yo era un cuarentón, ella mi secretaria y le hice el verso –dijo él. Había aprendido a tener labia.
Eso de la labia doy fe que la tiene. Y hacer verso es para él dote bien probada.
Cuando me nombraron Director en la Tecnológica el Decano me dijo: "Hay 97 mujeres trabajando en Medrano. Elegí la que vos quieras." Yo la elegí a ella. 
No logro recordar la marca del vino de nuestra mesa.
–Yo estaba separado. Me enamoré. Nos fuimos a vivir juntos. A los pocos meses me nombraron Decano en Belgrano. "¿Usted está casado?", me preguntó Porto, formal.
 Avelino sabía que no, pero era un mensaje.
–¿Usted piensa que la informática va a sobrevivir?, me preguntó el rector. Creo que sí, doctor, ¿a qué viene su pregunta? Mire, Tomassino, vamos a averiguar juntos el tema en Europa. Debemos visitar Madrid, París y otros lugares.
Nuestro hombre juntó la plata para llevar a su Gabriela y el viaje comenzó. El destino final y principal era París, Ecole de Ponts et Chaussées, donde Avelino sería presencia clave para las decisiones a tomar relativas a armar o no una carrera de Ingeniería Informática para la Argentina. Pero en las vísperas, Porto aún no aparecía, nuestro hombre llamó a Buenos Aires para hablar con la secretaria del rector.
–El doctor Porto es ahora Ministro de Salud, no va a viajar. Dice el vicerrector que usted siga sus instrucciones.
No tenía instrucciones de ningún tipo pero nuestro hombre no se achicó. Esta historia llega a su fin:

1° El viaje se convirtió en una luna de miel anticipada.
2° El enamorado de verso y labia se casó con su princesa 23 años más joven en 1991.

3° La carrera de Ingeniería Informática se creó en la UB siguiendo los modelos aprendidos por nuestro hombre en Madrid, París y los otros lugares visitados.

Por supuesto se habrán dado cuenta que "nuestro hombre" es Carlos Tomassino, muchas felicidades en tu día y muy buena tu historia.

Tuvimos otro Club Palermo para el recuerdo. Gracias Dinobedel, Master, Luca. Y reserven fecha para el próximo, el 11 de mayo que viene. 


Una promesa: Lidia Seratti me ha prometido contar una historia de amor. estoy a punto de creerle que la va a mandar.

Un abrazo a todos y siguen fotos para curiosear!!

Hernán
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