Autor del Blog: HERNÁN HUERGO

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28/11/2017: Historias del Casco Vélez (V): Conversando con Oscar Aranda

Com (R) Oscar Luis Aranda Durañona

Si hay una persona que antes de que estas Historias vieran la luz escribió sobre el Casco Vélez con toda la admiración posible, con máximo respeto, con un grado de agradecimiento y reconocimiento rayano en lo filial, esa persona es el Comodoro (R) Oscar Luis Aranda Durañona. 

Lo descubrí gracias a Cris Vélez, quien me pasó la Semblanza Comodoro Oscar Gregorio Vélez que Oscar Aranda escribió poco después del fallecimiento del Casco:


Semblanza Vélez por Com (R) Oscar Luis Aranda Durañona 

Pronto averigüé que el Comodoro Aranda estaba a cargo de la Dirección de Estudios Históricos de la Fuerza Aérea y le pedí una entrevista.

–Comodoro, cuénteme primero cómo lo conoció al Casco Vélez. Usted es bastante menor que él. 
Él era del 24, yo soy del 42. Yo comencé acá en el año 2000, a cargo de la Dirección de Estudios Históricos. Me retiré en el año 92, a mis 49 años, y mi actividad se orientó hacia la parte histórica y literaria. Primero fue la parte literaria, me gustaba escribir. Lo primero que hice fue escribir, allá por el año 1996/1997, una ficción histórica, basada en lo que yo había vivido en la guerra de las Malvinas. La novela se llamaba Ecos en la niebla. Se vendió bien, se agotó. Después intenté otras obras, pero nada.
–Como Cervantes, más o menos.
Cosas que pasan a la gente que escribe. Después nada. Pero esa obra sirvió como antecedente. Cuando este cargo quedó vacante me llamaron a mí. Llegué en el 2000 y me lo encontré al Casco Vélez.
–¿Cómo fue eso?
Había entonces una Comisión Asesora de Historia Aeronáutica que se creó con los que habían escrito libros de historia, y el Casco estaba en ella. Él había escrito el llamado Tomo I de la Historia de la Fuerza Aérea Argentina, en 1997. Lo primero que hice al asumir fue formalizar la Comisión como un organismo oficial de la Fuerza Aérea. Vélez era el Secretario de esa Comisión. Teníamos reuniones mensuales y él se entusiasmó cuando me conoció a mí.
–¿Se entusiasmó?
Se entusiasmó con proyectarme a mí. "Usted tiene que estudiar Historia, hacer el Doctorado". Él había empezado a estudiar Historia en la Universidad del Salvador. Me embaló, me entusiasmó, me llevó a la Universidad, me presentó al Rector. Prácticamente me armó todo para que yo hiciera el Doctorado. No lo empecé en ese momento pero sí después, en este momento estoy presentando mi tesis para doctorarme. A partir de ese momento lo que era una afición literaria pasó a ser para mí una afición por escribir sobre historia militar. El Casco me ayudaba mucho cuando comencé.
–¿Qué escribió, por ejemplo?
Acá le muestro un ejemplo. Una biografía sobre un personaje de la Fuerza Aérea. Lo escribí en 2004.
Me muestra un libro con orgullo: El Murciélago (La verdadera historia de un aviador) Antonio Parodi.

–¿Usted considera que su arranque como historiador fue motivado por ese impulso que le dio el Casco Vélez?
Sin ninguna duda. Él era muy tenaz, convincente.
–Usted me dijo por teléfono que fue como un padre.
Sí, fue como un padre para mí, un padre "histórico". Era muy buena persona. Me ayudó muchísimo. Un verdadero caballero, como los de antes. Yo lo sentí muchísimo cuando falleció.
–¿Recuerda alguna anécdota que quiera compartir?
Una vez se enojó con otro comodoro, mucho más joven, por algo que le habían publicado mal. Lo encaró en el estacionamiento. "Con el dedo índice me apuntaba y me tocaba el pecho y yo retrocedía", me contó. El Casco era muy amable pero firme. Y muy bravo cuando se enojaba, cosa muy rara...

–Él adoraba a la esposa... –dice de pronto, recordando algo.
–¿Cómo lo supo usted?
En una de las presentaciones lo vi casi quebrarse cuando la recordó. Estaba muy emocionado. "Mi esposa era superior a mí", dijo, "era mejor que yo". A mí me mató. Que un hombre diga eso es una cosa grandiosa. Muestra lo que era la humildad del hombre y el amor hacia su señora.

Se suma a la reunión Eduardo Amores, Encargado de las Investigaciones Históricas. Trae un artículo publicado por Oscar Vélez en la revista de la Aeronáutica, donde cuenta los orígenes de la Fuerza Aérea vinculados con la familia Vélez, en especial con su tío, el General Gregorio Vélez, quien fuera Ministro de Guerra, fundador de la Escuela de Aviación Militar.

También trae los dos tomos escritos por el Casco de la Historia de la Fuerza Aérea Argentina. El primero de 1912 a 1922, el segundo de 1923 a 1944.

–¿Se pueden conseguir estos libros?
No, están súper agotados –dice Aranda.
La característica de Vélez es que era una persona muy alegre, muy agradable de tratar y muy hábil para contar con mucha amenidad -dice Amores.
Era un enemigo de Newbery –dice Aranda, divertido al recordarlo. Hablaba de una foto en el Círculo en que aparecía con casco de aviador militar."¡Está disfrazado!", decía Casco, con simpatía. Los héroes de Vélez eran Aníbal Brihuega, Antonio Parodi y los ingenieros aeronáuticos en general.

–¿Tiene algo más para contarme, Comodoro?
El resumen es que era una figura muy querida, muy cercana, para mí el verdadero impulsor de toda esta etapa de mi vida. Todo se lo debo a él. Soy historiador como una obra de él. 

Aranda y Amores tienen "el mejor de los recuerdos"

Los dos tomos que hizo –dice Amores–, uno es continuación del otro, están muy bien contados, son la historia de la fuerza. Están muy bien trabajados y muy completos.
–Falleció cuando estaba escribiendo el siguiente tomo, tengo lo que llegó a escribir en mi computadora. Iba a llegar al año 66. 
–No sé si les quedó algo para contarme.
Tengo el mejor de los recuerdos –dice Amores.
Yo también, y sobre todo agradecimiento. Lo que siento es gratitud –cerró Aranda.

¡Felicitaciones, querido Casco!
¡Valió la pena!

(Fue el Epílogo de estas Historias)

Casa Cuba 16/11/2022: Otra vez el placer

Queridas Dinas, queridos Dinos,

Volvimos a elegir Casa Cuba, y otra vez fue un placer, por muchas cosas. Aunque es bueno decir que no todas las cosas anduvieron de maravilla. Como diría Scaloni, esta vez sufrimos algunos "problemitas". Ya les contaré algunos.

Empiezo por decirles que fuimos 42 los comensales. Sólo fallaron una Dina y un Dino. No esperen que les diga quiénes fallaron. Ya saben que se dice el pecado pero no el pecador.

Otra vez recurrí a tres Dinas de primera para la cobranza. Fueron Mariana Delbue, Cris Vélez y Mechu López Constanzó. Yo las llamo Grupo Concorde. Funcionan como un avión. Aunque en esta vuelta enfrentaron algunos problemas. Más adelante encuentran el relato de los mismos que ellas mismas nos hacen. Pero el objetivo se cumplió a la perfección. Apenas llegaban los comensales pagaban. Felicitaciones!!

Mariana Delbue, Cris Vélez y Mechu López Constanzó, el 
Grupo Concorde, realmente una actuación de novela!!

Nuestro querido Club Palermo ha dejado de ser la sede de nuestros almuerzos. Es cierto que, si de comida se trata, resulta una opción casi invencible. La variedad y abundancia de las entradas, los fiambres, las muzzarellas, las rabas..., la generosidad de los platos principales..., etcétera. Pero el salón reservado para nosotros en Casa Cuba es ventaja definitoria. Más lo agradable del lugar. Más la atención de los mozos, bien superior. Y sobre todo, sobre todo, que podemos oír al Dinobedel cuando dice sus palabras...,  y a los premiados cuando agradecen..., y a los vecinos cercanos y no tan cercanos. Créase o no, yo podía oír al lejano Pipi Iglesias. Que oírlo sea una ventaja algunos pueden cuestionarlo. Pero en Club Palermo a veces costaba oír al vecino del otro lado de la mesa.

Cuando le dije a Carlos que Sergio Porter era uno de los ausentes él me contestó, sorprendido: "Pero si allí está. el de la remera roja". 

-No te había reconocido, Sergio! Hace otro siglo que no te veía. Tenía la imagen que te muestro abajo, más o menos. Bienvenido al grupo Dinos!!

Sergio Porter de hace años y Sergio Porter de hoy

Y hablando de Premios les comento que esta vez el Dinobedel hizo anuncio de entrega de once Premios Dino. Allí van los nombres: Mónica Cuschnir, Viviana Esterkin, Mercedes López Constanzó, Cristina Vélez, Daniel Bronstein, Roberto Bevilacqua, Patricio Castro, Carlos Leone y Rodolfo Ratto. Ya sé que si cuentan los premiados se sorprenderán porque son nueve. Tengo que preguntarle al Dinobedel quiénes son los dos que faltan. Felicitaciones!! Encuentran las imágenes en el video que preparó el Artista, o sea Cacho Drogué. Felicitaciones para Cacho, siempre produciendo maravillas!! 

Carlos Tomassino entregó 9 Premios Dino: 
Mónica Cuschnir, Viviana Esterkin, Mercedes López Constanzó,
Cristina Vélez, Daniel Bronstein, Roberto Bevilacqua,
Patricio Castro, Carlos Leone y Rodolfo Ratto.

Felicitaciones!!
Les prometí contarles cuáles fueron algunos "problemitas". Pues bien, el ascensor que llevaba al primer piso decidió romperse ese mismo día. Una sorpresa desagradable, en especial para Héctor Repossi, que por suerte estaba acompañado por Diego, su hijo, fundamental para ayudarlo en la odisea de subir y bajar la escalera.

Otro problema que sufrimos fue la cantidad de billetes con la que tuvimos que lidiar.  Más de trescientos!!!😳😳😳 Un estrés cobrarlos, otro estrés contarlos, otro estrés pagar y otra vez que los contaran en la caja.😩😩

Pero allí va el relato del Grupo Concorde, claro y contundente.

Mariana Delbue: fue un poco complicado esta vez por la enormidad de billetes (inflacion!) pero los Din@s se portaron MUY bien y trajeron cambio....  es EVIDENTE que inspiramos miedo (o por lo menos respeto!) a nuestros colegas......

Mercedes López ConstanzóNo había un lugar adecuado para cobrar,  contar y anotar. Yo me sentía haciendo equilibrio en la cuerda floja. Me parece que si hay un lugar adecuado (podría ser una mesa donde estemos las 3 y la gente se va poniendo en cualquiera de las 3 filas), no sería tan caótico. Aquí fue muy problemático el no tener un lugar. Nos desalojaron del lugarcito de al lado del lugar de los mozos y terminamos haciendo equilibrio en un pedacito de mesa.

Cristina Vélez: Estuviste muy genial. Te tocó la peor parte!!!!

Mariana Delbue: el problema fue los que llegaron tarde, cuando ya habíamos cerrado....

Cristina Vélez: [Tener alguien como] Back Office [para contar, hacer pilas y anotar] y dos cobradoras va a hacer una gran diferencia. Yo quiero ser Back Office.

Mariana Delbue: dale, Mechu y yo les 'ladramos' a los colegas. 

Mercedes López Constanzó: Si!!!!

Cristina Vélez: 😂

Mariana Delbue: sí, sigamos en marzo 😘

Hernán Huergo: Gracias, grupo CONCORDE!!👏👏 La seguimos en marzo!! 😘😘😘



Creo que la pasamos fenómeno y ya está decidido volver a encontrarnos en Casa Cuba, será el miércoles 8 o el miércoles 15 de marzo, vayan agendando. En realidad, el restaurante nuevo que estrena Casa Cuba se llama Apertura. Abre sus puertas el 23 de noviembre.

Falta ver el video. El regalo de Cacho Drogué, maravilloso, como 
siempre! Gracias Cacho!! Como muchos saben Cacho es ahora el fotógrafo único de nuestros eventos. El único que no sale en sus fotos es él mismo. La foto vecina fue sacada en Club Palermo.





Gracias a todos, besos y abrazos a Dinas y Dinos. Nos reencontramos en
el almuerzo de marzo.

Hernán

15/11/2017: Historias del Casco Vélez (I): Conversando con Cris, Parte 1


Queridos amigos,

Desde que empecé con esta serie que denomino Conversando con… siempre estuvo en mi cabeza algún día escribir algo sobre el que para mí comenzó siendo el Comodoro Vélez, que trabajando justamente con el Teniente Coronel José de la Cuesta Ávila, conformaban un equipo que velaba en forma severa por los intereses SCD del estado argentino.

Cuando decidí salir de IBM, en 1980, para comenzar con un emprendimiento personal, SDI, Sistemas de Información, varios de los proyectos de mi flamante consultora tenían que ver con empresas del estado o de servicios públicos. Por esa y otras circunstancias tuve diversos encuentros con Oscar Vélez, quien inmediatamente me cautivó con su personalidad, motor permanente de iniciativas y desbordante buen humor. Conocí además a dos de sus cuatro hijas, Cris y Susy, herederas de virtudes informáticas y de las otras. En poquísimo tiempo pasé a considerar al personaje como un amigo, el Casco Vélez. Estoy seguro de que la misma sensación habrán tenido muchos de los que lo conocieron, lo respetaron, lo admiraron, disfrutaron de su verba chispeante y lo sumaron como amigo.

Así que cuando Cris Vélez se sumó a nuestro grupo de Dinas al tiempo le propuse que me ayudara para esta historia. Ella aceptó encantada, me escribió una suerte de Hoja de Vida resumida, me mandó un montón de fotos y conversamos por Skype un par de horas.

La Hoja de Vida comenzaba diciendo:

“Nació el 3 de abril de 1924. El menor de siete hermanos. Su padre, a quien él admiraba profundamente, tenía más de 50 años y murió cuando mi padre tenía apenas 16 años. Su hermano mayor le llevaba mas de veinte años y sus sobrinos eran casi de su edad. Mi abuelo era militar y hermano de Gregorio Vélez, creador de la Aeronáutica Militar. Por él nombraron Oscar Gregorio a mi papá. Su hermano mayor era piloto de la Aeronáutica y ambos, hermano mayor y padre, no querían que fuera militar sino ingeniero. Pero Casquito llevaba la aviación en la sangre y además decidió seguir dos carreras.”

–¿De dónde salió lo de Casquito?

Tenía una enorme vocación militar. Le decían Casquito porque vivía siempre con un casco puesto que tenían en la casa. Jugaba siempre con avioncitos.

Y me cuenta más cosas de su infancia:

Mi viejo era un crack dibujando. Tuvo de profesora a Lola Mora.

“Se casó el 2 de agosto de 1945 con Susana Fernández Oyuela (mi madre) y tuvo 4 hijas: Tere y yo (1949, 1950, cordobesas), Susy (1955, yanqui) y Alex (1963, porteña).”

–¿Se casó a los 21 años? ¿Tu mamá que edad tenía?

–La misma que él, nació el 5 de abril del mismo año.

Susana Oyuela y Oscar Vélez,
arriba a los 21 años.
Y me cuenta la historia, divertida.

–Marta Oyuela, la hermana mayor, vivía en Azul, cuando se casó con un militar. Cuando papá se recibió, no se quedó en Córdoba, lo mandaron directamente a Azul. Mi mamá, de visita en lo de su hermana, necesitaba una montura de riendas cortas porque era petisa, algo que mi papá, también petiso, tenía. Fue a pispear quién era la mujer para la cual le pedían esta montura. Cuando la conoció se quedó totalmente enamorado. Mamá nunca le dio el sí, él decidió casarse. Terriblemente ansioso, vivía siempre un paso adelantado. “Cuando me di cuenta ya habíamos puesto fecha”, me contó mamá.

Oscar Gregorio Vélez era entonces cadete artillero. Se fueron a vivir a Córdoba. Tardaron cuatro años en lograr tener la primera hija. Incompatibilidad de sangre.

–Mamá le hizo una promesa a Santa Teresita y Tere nació en 1949, yo un año después.

Universidad de Córdoba
"Se recibió en 1951 de Ingeniero Mecánico en la Universidad de Córdoba y de Ingeniero Mecánico Aeronáutico en la Fuerza Aérea."

El Casco Vélez no era peronista y lo metieron preso en Córdoba –denuncia de un mozo que lo escuchó hablar mal de Perón poco tiempo luego de recibido, por 4 meses (1951/1952). Y en seguida lo dieron de baja de la Fuerza Aérea.

“… tuvo que trabajar como ingeniero en una fábrica en Arrecifes. Allí conoció al Ing Vila, su mentor de ahí en más, que le aconsejó irse a EEUU porque su nombre figuraba en listas "negras" que obligaban al dueño de la fábrica a no tenerlo de empleado.

–Mientras trabajó en la fábrica de Arrecifes se llamó Oscar Pérez.

"Y así partió, con su eterna sonrisa puesta, a buscar nuevos horizontes. Consiguió trabajo en la fábrica Ford en Wayne, Michigan (cerca de Detroit). Participó del diseño del primer Falcon. A los seis meses, ya instalado, nos vino a buscar a mi madre, mi hermana mayor y yo. Las otras aún no existían."

–Era brillante. Con una curiosidad increíble. Enciclopedista. Cualquier tema le interesaba. La ciencia, la historia. La endibia. Cualquier tema… Papá tenía una inteligencia emocional, mamá tenía la inteligencia racional.

Cris, la mamá y Tere, en Ann Arbor, Michigan.



Del Facebook de Cris. "Mamá era todo en casa", me dice.

Le fue muy bien allá y cuando estábamos ya asentados con una hermana norteamericana recién nacida, Susy, en 1955, Aramburu lo convoca para reincorporarlo a la Fuerza Aérea…”

–A mi papá le iba muy bien y había llegado al Directorio de Ford. “Ni se te ocurra aceptar”, dijo mi madre. Fue inútil. Le encantaba volver a la Fuerza Aérea. Mi mamá lo entendió. Volvimos a Córdoba. Yo no hablaba prácticamente castellano.

¡En el Directorio de Ford a los 31 años! ¡Sí que tenía vocación por la Fuerza Aérea!

–¡Qué extraño! ¿No hablaban castellano en tu casa?

Teníamos un bilingüe muy raro. Entendíamos todo los que nos decían en español pero contestábamos siempre en inglés. Con mi hermana mayor, Tere, aún hoy seguimos hablando inglés entre nosotras.

“En 1956 lo mandan de Agregado Aeronáutico a Nueva York a la Casa Militar de la Embajada Argentina de EEUU.”

–Se va con toda la familia. Con mis hermanas éramos una especie de equipo, acostumbradas a  los cambios. No los sufríamos para nada. Yo soy muy nómade.

“Luego volvió, en 1960, a Buenos Aires y dirigió la Secretaría de Aeronáutica. En esa función conoció a Wernher von Braun, con quien estableció una larga amistad. También le tocó atender a los astronautas norteamericanos que visitaron Buenos Aires. La Astronáutica fue otra de sus pasiones.”

–Nos mandaron al St. Catherine que arrancaba en Buenos Aires por esa época. Para Tere y para mí una suerte, nos sentíamos mas cómodas hablando en inglés. Nuestro vocabulario español era bastante más limitado, si bien con nuestros parientes argentinos nos comunicábamos en castellano. Hablábamos un correctísimo spanglish... Nos reafianzamos muy bien.  Alex nació en 1963, época de mucho ajetreo. 

Me cuenta que las hijas de Susana Oyuela y el Casco son en realidad cuatro Marías, María Teresa –Tere–, María Cristina –Cris–, María Susana –Susy– y María Alejandra –Alex.

–En casa compartíamos las cuatro comidas con mis padres. La mesa era sagrada. Era el momento en que nos veíamos todos y charlábamos de todo. Hasta al cine íbamos con mis viejos.

Misil Orion II en su base de lanzamiento,
Tartagal, Salta.
Me sorprende cuando me dice:

Papá viajaba mucho a Tartagal, a tirar misiles. 


Y me cuenta de cuándo lo conoció a von Braun:

–A fines de 1963 lo conoció a Wernher von Braun, porque le tocó atenderlo cuando vino en un viaje a Buenos Aires. La mujer, de nombre María, estaba muy impresionada por el hecho de que mi padre tuviera hijas todas llamadas María. Nos dedicó uno de sus libros, “a las cuatro Marías”.

La Nación, 3 de noviembre de 1963
“En 1964, se instaló en Córdoba para dirigir la Fábrica Militar de Aviones.”

–Yo empezaba mi secundario y me quería morir. ¡Otra vez!

University of Michigan

“En 1965 decidió retirarse de la Fuerza Aérea como Comodoro y obtuvo una beca de un año para realizar un Master en Computing Science en la Universidad de Michigan.”

–El Master duraba dos años pero la beca que le dieron era por sólo uno. Decidió hacer el Master en un año para poder llevar a toda su familia. Lo logró, recibiéndose con honores. Ahí me contacté yo por primera vez con la Informática porque me encantaba acompañarlo a procesar datos en el Centro de Cómputos de la Universidad.

Y me aclara:

–Yo tenía pasión por mi viejo. La teníamos todas. Él me introdujo al mundo de la Informática, mis primeros pasos, a los 15 años.

“Su tesis la hizo de la mano de su amigo Von Braun. No recuerdo cuál fue el tema pero su desarrollo fue utilizado en la NASA.”

–Disfrutó mucho volver a verse con su amigo. En 1966 volvimos a Buenos Aires y entonces comenzó a dedicarse a la Informática.

–¿Cómo fue que empezó?

-No estoy muy segura si fue entonces que empezó a trabajar con de la Cuesta Ávila.

Según creo fue un poco después pero es momento de recordar lo que me dijo mi amigo Pepe de la Cuesta Ávila cuando conversé con él (2015.11.19: Hernán Huergo: Conversando con José de la Cuesta Ávila (Parte 2 de 2):

José de la Cuesta Ávila
–¿El Comodoro Vélez? Con él nos conocíamos mucho, habíamos estado juntos en el Colegio Militar, él dos años mayor. Vélez estaba en el Centro de Cómputos y era ingeniero militar. Yo me sentía muy solo en mi función en Presidencia y lo invité a acompañarme. Un tipo de excepción, muy gente, muy estudioso, muy capaz. Me aceptó como jefe, siendo yo no sólo menos antiguo sino de grado inferior. ¡Un señor!

Volviendo a mi entrevistada de pronto me sorprendo al escuchar:

–Y también armó la Universidad CAECE, en 1967.

Esto sí que no me lo esperaba. Para mí CAECE fue en su momento un fenómeno especial, que pronto empezó a producir profesionales aptos para las empresas, desesperadas en conseguir profesionales de Sistemas. Siempre tuve un gran respeto por esta universidad, que contribuyó a llenar un vacío importante por aquellos años.

–La armó junto a Carlos Bosch (su amigo de muchos años y compañero de armas), Jorge Bosch, Horacio Bosch y Juan Chamero. Son los cinco fundadores de la Universidad.

Continúa en Parte 2

17/11/2017: Historias del Casco Vélez (II): Conversando con Cris, Parte 2



Juan Chamero, Oscar Vélez, Carlos Bosch, Jorge Bosch,
cuatro de los cinco fundadores del CAECE

Horacio Bosch, quinto fundador, primer rector del CAECE.
Acto realizado en 2017, año del cincuentenario de la Universidad

–Cris, me estabas por contar del CAECE, pero antes te pido nos cuentes más de tu mamá, eso que me dijiste que era famosa por los tés que hacía en su casa.

–Mamá era “la hotelera”, mi casa era la del pueblo, cocinaba como los dioses. Nosotros éramos seis y ella preparaba la comida para cada uno. En Buenos Aires mi casa era donde se hacían los tés más ricos. 

A ella le encantaba recibir gente en casa y era la anfitriona perfecta. En temporadas de estudio mi casa se llenaba de nuestros compañeros de facultad o colegio y ella se encargaba de agasajar a los estudiantes con sus manjares. Conocía los gustos de cada uno y los malcriaba bastante en esos almuerzos o tés. En muchas oportunidades coincidían grupos de cada una de las tres hermanas Vélez mayores. La casa era elástica!

En muchas oportunidades aparecía mi papá y nos entretenía con sus cuentos y anécdotas. A mis padres les encantaba charlar con los jóvenes. En el caso de papá, era increíble lo mucho que nos divertíamos con las distracciones de mi viejo. Él mismo las contaba haciéndonos llorar de risa.

Doy fe de que son famosos esos tés y esos almuerzos, desmayantes. Pero eso lo veremos en capítulos futuros de esta saga, cuando lo cuente uno de los que prestará testimonio, que al hablar del Casco Vélez, le es imposible olvidar ese disfrute de las virtudes culinarias que tenía tu mamá. Al mismo tiempo que la fascinación que le producía escucharlo a tu papá.

Hablando de mamá y papá, te comento que en realidad mi hermana mayor Tere los bautizó Mamay y Papay cuando empezó a hablar  y las demás continuamos esa tradición.

Volvamos a la historia del CAECE, ¿cómo ocurrió?

–Papá tenía un compañero de armas, Carlos Bosch. Otro aeronáutico, brigadier, muy amigo de él. Carlos Bosch tenía dos hermanos, Jorge Bosch el matemático y Horacio Bosch que era físico. El más famoso era Jorge. Creo que fue Jorge Bosch el que lo trajo a Chamero, que en aquella época trabajaba en IBM, y los cinco fueron los fundadores del CAECE.
Se reunían todos los días en la confitería Ideal y allí fueron armando esto. Yo terminé el colegio en el 68 y CAECE empezó como universidad en el 67. Este año cumple cincuenta años.

–¿Vos estudiaste en el CAECE?

Casco Vélez
–Cuando yo terminé el colegio yo quería ser Física Nuclear, esa era mi pasión. Pero, mi viejo, que le daba mucha importancia a la parte educativa, me dijo: “Si vas a ser Física Nuclear, tendrías que irte al Balseiro. Las cosas hay que hacerlas bien. Pero sos muy chica todavía para irte a vivir sola. Porque no probás alguna otra cosa aquí en Buenos Aires, y si tu pasión sigue intacta, el otro año ya vas a estar un poquito más dentro del mundo real, y capaz te va a ir mejor. ¿Por qué no vas al CAECE a ver si te gusta?”. Pensé en hacer un año para ver de qué se trataba y me apasionó. No es que me gustó, me apasionó. 

Juan Carlos Cattáneo

Mi primer trabajo, no me olvido nunca más, fue trabajar con Juan Carlos Cattáneo, que se dedicaba mucho a la parte administrativa del CAECE. Yo, recién salida del colegio, estaba encantada, me sentía importantísima, aunque no me pagaban 
un mango. Lo importante era trabajar. “Tomá este cuaderno”, me dijo Juan Carlos, “y hacele cinco columnas en todas las hojas”. Ese fue mi primer trabajo: rayar un cuaderno. Era para anotar las cuotas de los alumnos. Trabajé para la Tesorería de la universidad hasta que me recibí.

Me encantó la carrera, tuve la posibilidad de trabajar y al tiempo Chamero me llevó a trabajar a Asesores Científico Técnicos (ACT), con Manuel Sadosky, un tipo maravilloso al que yo amé mucho. Mi viejo trabajaba mucho con ellos porque estaba en la Cuenca del Plata. Papá trabajó bastante en temas de Ingeniería Hidráulica, después en el INCYTH, el Instituto Nacional de Ciencia y Técnica Hídricas. Yo no trabajaba con papá pero me cruzaba mucho con él, por ACT y por el CAECE. ACT quedaba cruzando la calle desde el CAECE.

En ACT aprendí mucho de Julia Oshiro, era como mi hermana mayor en Computación. Yo tenía poca calle, muy benjamina e inocente, y todo el grupo me cuidaba mucho, Juan Carlos, Julia, Juan Chamero, y unos cuantos más de la primera época de ACT.

Cris Vélez, el Casco Vélez y Julia Oshiro

Cuando Chamero armó CONSAD me llevó a mí, también a Juan Carlos,
Pepe López de Lagar
otro hermano mayor para mí, a Julia Oshiro, y algunos más de ACT. 

En el CAECE lo conocí también a Pepe López de Lagar, que fue parte de la primera camada que se recibió, como también Juan Carlos Cattáneo.

También la conocí a la mujer de López de Lagar, a Cristina Ruiz.

Chamero era muy particular en cómo te formaba. Yo nunca en la vida había hecho un programa, ni sabía lo que era un diagrama de flujo, y recién entradita a ACT me manda a un curso en Bull de Fortran que dictaba Cristina Ruiz.

Cristina Ruiz
“Ahora hagan un diagrama de flujo…”… y yo ni idea de qué me hablaba. Se sentó al lado mío un día a enseñarme diagrama de flujo jugando al truco. Aprendí tan bien con ella el tema que le debo mi pasión por la programación.

–¿Qué tiene que ver el truco con el diagrama de flujo?

–Cristina arrancó diciendo: “¿Sabés jugar al truco? Describí las alternativas”. Yo lo fui escribiendo y ella hacía el diagrama de flujo en paralelo y me lo explicaba. Cuadros, flechitas y rombos. Aprendí y me encantó. Después sería ayudante de cátedra de Julia Oshiro en Programación. En el 69 yo estuve como un año trabajando con Sadosky haciendo programas para la Cuenca del Plata.

–¿CONSAD en qué año arrancó?

–CONSAD debe haber arrancado en 1970/71. Yo trabajé allí hasta el 73. Yo estaba en una burbuja muy científica y mi viejo me aconsejaba que me metiera en otros temas, que aprendiera COBOL. Apareció la posibilidad de que me fuera a Burroughs, que para mí fue una segunda universidad. Allí aprendí muchísimo, conocí el mundo comercial. En el CAECE terminé mi tesis y me recibí en el 74.

Continúa en Parte 3

19/11/2017: Hernán Huergo: Historias del Casco Vélez (III): Testimonios de Dinos: Juan Carlos Cattáneo y Pepe López de Lagar.

Juan Carlos Cattáneo y Pepe López de Lagar
Juan Carlos Cattáneo

El CAECE fue fundado por los tres hermanos Bosch, el Casco y Juan Chamero. Los Bosch eran Jorge, el famoso matemático, Carlos, el brigadier, compañero de arma y amigo del Casco, y Horacio, el físico, quien fue el primer rector.

El Casco y Chamero se ocupaban de Sistemas. Vélez había llegado de USA con un título de Master en Computing Science, con una formación muy avanzada. Se había especializado en la Lógica Interna. Se hizo cargo de las materias que tenían que ver con Lógica.

Juan Chamero, Rebeca Guber, Manuel Sadosky, Pablo Jacovkis eran los socios principales de Asesores Técnico Científicos (ACT). 

Juan había dejado IBM para unirse a la nueva consultora, en 1966. Casco era un civil por derecho propio, con otra visión que traía de la Universidad de Michigan. Con Juan estructuraron todo el área de Sistemas, con énfasis en Programación Lógica. La fundación del CAECE se concretó en 1967.

La carrera era una sola pero tenía dos partes y estilos bastante diferenciados. La parte de Matemática, más estructurada, con una pedagogía muy desarrollada, y la parte de Computación y Sistemas, mucho más nueva y menos organizada. Pero que tenía profesores de lujo, como Gustavo Pollitzer y Juan Vella, de IBM, y también Esteban Di Tada y Mauricio Milchberg, de Bull. 

Otra docente destacada era Julia Oshiro. Usábamos una terminal de APL conectada a IBM Diagonal. Julia era capaz de cualquier milagro con el APL, podía resolver un Simplex con una sola instrucción. Era como ciencia ficción para la época.

Casco fue central en los contenidos que se daban en Sistemas. Tenía una visión muy actualizada de lo que estaba pasando en el mundo en Tecnologías de Computación.

Casco empezó con todo lo que tenía que ver con Aplicaciones, por ejemplo, Investigación Operativa. A veces había puntos de vista diferentes de los que dictaban Matemáticas en contraposición a los que dictaban Computación y Sistems. En todos los temas estaba en el medio. Siempre con su especial bonhomía. Sabía escuchar. Nunca confrontativo. Siempre buscando el camino del acuerdo. 

Los estudiantes querían más casos prácticos, menos énfasis en Matemática. Pero había recursos escasos y no siempre acuerdo entre los docentes y directivos. Casco era el hombre que lograba el equilibrio. Hasta que se convirtió en el funcionario que secundó a De la Cuesta Ávila y entonces empezó a dedicarle menos tiempo.

De Casco puedo decir, además de sus características de conocimiento, algunas características personales sobresalientes: 

  • Sentido común
  • Bonhomía
  • Muy inteligente en una materia que era como la Caja de Pandora
  • Ni se mandaba la parte ni hablaba en difícil
  • Equilibrio
  • Sentido del humor
Un tipo único.  

Pepe López de Lagar

–Yo había abandonado Ingeniería en cuarto año, entonces no pensaba estudiar más. Yo ya estaba trabajando en informática y entonces se creó el CAECE, creo que por el año 1967.

–Exacto, fue en 1967.

–Por intermedio de alguien  vinieron a entrevistarme. Me explicaron que era la oportunidad de tener un título profesional en Sistemas. Fui a charlar con ellos. Primero me atendió una chica llamada Cristina Giménez Vega, amiga de Cristina Vélez. Trabajaban en una consultora llamada ACT o algo así.

–Asesores Científico Técnicos, ACT.

–Al Casco yo lo había conocido por un tema de reuniones de trabajo. Pero nunca había tenido una relación de amistad con él. Pero cuando la conocí a Cristina Vélez, con la cual nos hicimos muy amigos y seguimos siendo muy amigos, ¿qué pasó?

Cristina vivía a dos cuadras de mi casa. Empecé a ir mucho a la casa de ella, a tomar el té, a estudiar y a hablar mucho con Casco. Al Casco le encantaba hablar con tipos jóvenes, yo tenía 24 entonces. Nos contaba miles de anécdotas.

Aparte, la mamá de Cris, Susana, nos servía unos té que eran espectaculares [se ríe con fruición al recordarlos].

Yo el recuerdo que siempre tuve con Casco es que fue un tipo… increíblemente generoso, en cuanto a compartir todo lo que le había pasado en la vida, muy agitada. Compartíamos el antiperonismo. No le fue muy bien con el antiperonismo aunque a mi padre le fue peor…

Increíblemente jovial. Un matrimonio precioso, porque se llevaban divino, con las cuatro hijas mujeres que tenían… Eran súper dinámicas todas.

Recuerdo que cuando estábamos estudiando, a veces venía Casco, se sentaba y empezaba a contarnos cosas de su vida, de cuando había estado trabajando en Estados unidos, en la Ford. Y después estuvo como Agregado Aeronáutico allá. Y después se fue a estudiar Sistemas. 

Tengo muy buen recuerdo de las tertulias en esa casa. Fui de la segunda promoción del CAECE, Cris creo que de la tercera.  De la primera estuvo Cattáneo, Barreira, eran no más de cinco tipos la primera promoción.

En esas reuniones en lo de Vélez, aparte de que nos reuníamos a estudiar y a tomar esos té riquísimos, podíamos escucharlo al Casco. Como te decía, era un tipo sumamente jovial, afable, generoso, compartía con nosotros toda su experiencia, toda su vida, que había sido muy rica.

Más tarde Casco se metió en la Secretaría de informática, no me acuerdo si se llamaba así. Entrabas a la Secretaría y él salía directamente y te atendía con toda afabilidad. “¿Qué decís querido, cómo te va?”. No te hacía esperar ni se hacía el importante.

Eso es lo que puedo decir de la personalidad de Casco, que siempre fue un divino.

(Continuará)